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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 493

Estefanía dijo con pesar:

—Lo siento mucho, consuegra, pero Nere ya tiene novio.

Las palabras de Estefanía cayeron como balde de agua fría.

Sofía miró a Liam con lástima.

Estefanía ya había tenido la ligera sospecha de que Liam sentía algo especial por su hija; la escena de hace un momento lo había confirmado ante sus propios ojos.

Estaba segura de que a Liam le gustaba Nerea.

Estefanía sintió un gran pesar en su corazón. ¿Por qué no se habían conocido antes?

Ahora resultaba que tenía dos pretendientes de calidad.

Pero bueno, lo hecho, hecho está.

Y la familia estaba muy contenta con Leonardo.

Así que Liam…

Recordando que «todo queda en familia», Estefanía pensó de repente en alguien más. Se acercó a Sofía y le susurró:

—Consuegra, tengo una ahijada que es abogada. Te garantizo que es una excelente persona y además guapísima. Ella tampoco ha tenido novio nunca, en eso se parece mucho a Liam. ¿Quieres que te la presente?

—¡Claro que sí!

Así fue como Estefanía le recomendó a Emilia a Sofía.

Después de la comida, tras despedir a los Santillán, Nerea condujo el coche llevando a los Galarza a casa.

Ulises, mirando el mensaje que le había enviado Emilio, le preguntó a Nerea:

—Mamá, Emilio pregunta si cuando mi tío y Martina se casen él puede ser paje de honor. Dice que también quiere llevar los anillos.

Nerea respondió sin quitar la vista del camino:

—Creo que puedes preguntarle a tu tío, y que él le pregunte a tu tía. Es su boda.

—Está bien —asintió Ulises y le contestó a Emilio.

—Nere —al ver que Ulises ya no hablaba, doña Belén intervino—: ¿A ese muchacho de los Santillán le gustas?

—Sí —admitió Nerea.

—¿Y no sabe que tienes novio? Si no lo sabe, deberías buscar un momento para decírselo pronto. Nuestras familias van a ser parientes, y pase lo que pase, no podemos engañar a los nuestros.

Nerea sonrió.

—Sí, lo sé. Quédese tranquila, abuela.

***

—Está bien, tú sabrás. Para cuando Nere se case, tú ya estarás pegándole a los cuarenta. Un hombre a los cuarenta está en su mejor momento, supongo. Con suerte, tendré un nieto cuando tú tengas cincuenta y yo setenta y tantos.

Ángel mantuvo la calma:

—Todavía alcanzamos a cargarlo, no está mal, no está mal.

—¿Qué tiene de bueno? —Sofía le lanzó una mirada fulminante—. Mi amiga se la pasa presumiendo a su nieta todos los días, que si es bonita, que si es obediente, que si huele a bebé. ¿Crees que no me da envidia? Yo también quiero un bebé bonito y que huela rico. Una petición tan simple y no puede cumplirla; lo crié en vano.

Liam permaneció imperturbable.

—Que Jaime se esfuerce, a ver si tienen dos en un año.

Sofía sabía que con Liam era como hablar con la pared; aunque parecía tener buen carácter, era terco como una mula.

—Qué mal genio tiene, no sé a quién salió.

—A mí, a mí —se apresuró a decir Ángel con una risita.

Sofía dijo con amargura:

—¿Te acuerdas cuando era niño y se emperró en que quería un perro?

Ángel abrazó a su esposa por los hombros y rio.

—¿Cómo no me voy a acordar? Le dijiste: «Si quieres perro, está bien, pero tú también vives en la casa del perro». Y el muy cabezota se fue a vivir a la casita del perro. Estuvo ahí un mes, le agarró cariño y luego no quería volver a entrar a la casa ni aunque le rogaras. Casi te da un infarto del coraje.

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