Los días pasaban en un ciclo constante: trabajo, estudio, consultas en el hospital. En su tiempo libre, Nerea hacía ejercicio y comía rico con Emilia González, o iba de excursión con su familia.
Una vida sencilla y libre.
Esto le dio a Nerea una paz interior y una sensación de estabilidad.
Pronto llegó la fiesta de cumpleaños número dieciocho de Martina.
La familia Santillán organizó una celebración enorme y lujosa en el hotel de cinco estrellas más grande de Puerto San Martín, invitando a todos los ricos y poderosos de la ciudad.
El lugar resplandecía bajo las luces, rebosante de lujo; damas de la alta sociedad y caballeros adinerados se reunieron allí.
No era solo una fiesta de cumpleaños, sino un gran evento social.
Nerea apareció con un vestido de noche blanco, sencillo pero elegante. La seda envolvía su figura curvilínea y, al caminar, los flecos del broche de esmeralda rozaban su cintura de avispa. A través de la abertura del vestido, sus piernas blancas se asomaban sutilmente.
Lucía gentil, clásica y a la vez con un toque de sensualidad moderna.
—Vaya, ¿quién es esa belleza? Qué buen cuerpo tiene.
—Tiene un aura única, me gusta. No se peleen conmigo, voy a invitarla a bailar. Esa cintura se debe sentir increíble.
Fabián Álvarez echó un vistazo casual, se quitó el cigarrillo de la boca y dijo:
—Ninguno de ustedes va a invitarla a bailar.
Los dos jóvenes miraron a Fabián.
—¿Te gusta, Fabián?
Fabián lanzó una patada al aire.
—¡Lárguense! Díganle a los demás que esta noche nadie puede invitarla a bailar.
Aunque su amigo despreciara a Nerea y quisiera divorciarse, aún no lo habían hecho. No iba a permitir que Nerea le pusiera los cuernos a su hermano.
—¿Fabián tiene problemas con ella? —preguntó el otro.
Fabián no respondió y fumó en silencio. Liam le había advertido específicamente que no molestara a Nerea esa noche, y él había aceptado.
El primer baile de la fiesta lo hizo Ángel Santillán acompañando a Martina.
Al terminar, la gente de alrededor comenzó a deslizarse hacia la pista de baile.
Nerea rechazó las invitaciones de algunos socios comerciales y después nadie más volvió a invitarla. Se quedó de pie, tranquila, fuera de la pista.
Parecía un copo de nieve a principios de invierno, transmitiendo una sensación de soledad y frialdad.
Martina terminó de bailar con Liam y miró a Nerea.
—Nadie invita a bailar a Nere.
Empujó a Liam hacia donde estaba Nerea.
—Hermano, invítala a bailar. Está sola, qué triste.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio