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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 141

Nerea, inmersa en su dolor y rodeada de murmullos, caminó hasta el velatorio.

Frente al altar, Cristian vestía un traje negro impecable. Su postura era erguida y su rostro, de una belleza fría, no mostraba expresión alguna, emanando un aura distante. En sus ojos oscuros se mezclaba una pesada tristeza.

A su lado, Isabel llevaba un vestido negro largo y sencillo. Con el cabello suelto sobre los hombros y sin joyas, lucía una elegancia sobria que, paradójicamente, resaltaba aún más su belleza.

Y delante de ellos estaba Ulises, con un trajecito negro y corbata de moño. Se veía precioso, como un pequeño príncipe.

Cuando los invitados terminaban de dar el pésame, ellos hacían una reverencia en agradecimiento.

Sin duda, parecían la familia perfecta.

Al ver llegar a Nerea, Isabel se sintió un poco culpable. Después de todo, su posición allí no era oficial y había muchos medios y gente de la alta sociedad presentes. Si surgía algún rumor, sería desastroso.

—Cris —susurró Isabel con preocupación.

Cristian puso una mano sobre el hombro de Ulises y dijo en voz baja: —No te preocupes, estamos en el funeral de la abuela.

Cristian estaba seguro de que Nerea no armaría un escándalo en el funeral de Doña Ivana.

Y tenía razón. Nerea no iba a causar problemas; estaba allí para despedirse de la anciana.

Con todo respeto, encendió unas veladoras frente al retrato de la abuela y rezó en silencio. Al momento de levantarse, sintió que el mundo giraba y estuvo a punto de desplomarse.

Cristian extendió la mano instintivamente para sostenerla, pero Nerea lo esquivó.

Sin dirigirles ni una sola mirada, Nerea se dio la vuelta y salió de la capilla.

Caminaba despacio, con pasos inestables. Su figura vestida de negro se veía tan frágil que Ulises, apretando los labios, sintió una lucha interna en su mirada. Todavía guardaba rencor por lo del parque de diversiones y había estado esperando que Nerea lo llamara para disculparse.

Pero Nerea nunca llamó.

Parecía que de verdad ya no lo quería; ni siquiera lo había mirado al pasar.

Sin embargo, él no podía olvidar la imagen de su madre aquel día en la feria. Sosteniendo el rifle, de pie, tan genial y segura, parecía brillar. Todos los niños la miraban con admiración.

Esa era su mamá.

Pero su mamá le había regalado el premio a otro niño.

Cuanto más lo pensaba Ulises, más se enojaba, y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Al final, no dijo nada para detenerla.

Al salir del velatorio, Nerea sintió que el sol la cegaba y las sienes le latían con fuerza.

Al verla, Liam intentó acercarse, pero Samuel se le adelantó, así que se detuvo y los siguió con la mirada.

Samuel había ido en representación de la familia Aranda. Cuando vio que quien estaba recibiendo el pésame junto a Cristian era Isabel, sintió una rabia que casi no pudo contener. Al principio se alegró de que Nerea no hubiera llegado, para evitarle el disgusto.

Pero Nerea había terminado yendo.

—¿Estás bien? —preguntó Samuel preocupado.

Nerea negó levemente con la cabeza y caminó hacia la sombra de un árbol.

—¿Ya te vas? —le preguntó a Samuel.

—¿Por qué tienes la voz tan ronca? —Samuel frunció el ceño al mirarla—. Y estás muy pálida.

Capítulo 141 1

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