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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 422

Hacía tiempo que en Puerto Rosales corrían rumores de que Nerea tenía muy buenas palancas.

Durante un banquete en Puerto Rosales, ella abofeteó delante de todos a Gutiérrez, el tercero de los hermanos Gutiérrez.

Al final, no solo la familia Gutiérrez no tomó represalias, sino que ella salió de la comisaría intacta y el tercer hermano Gutiérrez tuvo que disculparse en persona y pedirle perdón.

Marcos no se atrevía a ofender a la ligera a alguien así.

Era tal como había dicho Nerea: no valía la pena arruinarse la vida por una mujer cualquiera.

Y mucho menos cuando Pedro podría necesitar a Nerea en el futuro si surgía algún problema con sus piernas.

Por eso, Marcos siempre había sido muy cortés y respetuoso con ella.

Pero esta vez, Pedro, por culpa de Isabel, había secuestrado a la mejor amiga de Nerea.

Marcos se enteró cuando ya era tarde.

Ya la habían secuestrado, ¿qué más se podía hacer?

Marcos estaba que se lo llevaba la chingada del coraje, pero no tenía más remedio que cubrirle las espaldas a Pedro.

Llamó a Pedro y le preguntó sin rodeos: —¿Quieres conservar tus piernas o a Isabel?

Pedro apretó los dientes y respondió: —Quiero las dos cosas. No me creo que solo Nerea pueda curarme las piernas.

—Si no fuera la única que puede curarte, ¿crees que yo me habría humillado tanto, rogándole una y otra vez? ¿Sabes cuántas puertas me cerraron en la cara cuando intenté contratarla? ¿Crees que vino porque se lo pedí amablemente?

Pedro guardó silencio.

Marcos suspiró. —Piénsalo bien. Y antes de que te decidas, dile a tu gente que trate bien a esa chica, que le den de comer y beber. No quiero que luego, si tus piernas quedan inservibles, te pongas a hacer berrinche. Para ese entonces, no voy a poder conseguirte a una segunda Nerea.

Al colgar, Pedro se miró las piernas.

En la última golpiza, se las habían pateado y pisoteado sin piedad. Casi se desmaya del dolor en ese momento, aunque el médico dijo que estaba bien tras revisarlo.

Pero al recordar las palabras de Nerea, el miedo volvió a invadirlo.

Finalmente, Pedro tomó el celular y llamó a su hombre de confianza, Vicente.

***

Al salir del hospital, Nerea se dirigió directamente a la Fiscalía.

Llegó justo cuando Leonardo salía con su equipo para un operativo.

Al verla, Leonardo se acercó a grandes zancadas. —Nere.

Nerea miró a los agentes detrás de él y preguntó: —¿Van a salir? ¿Tienen alguna pista?

Leonardo sabía que estaba preocupada. —Sube al coche, te cuento en el camino.

Nerea asintió y subió.

Tras recibir la llamada de Nerea, Leonardo había ido a toda prisa a Puerto San Martín.

Primero ordenó una vigilancia estricta sobre la gente cercana a Pedro, incluyendo escuchas telefónicas.

Luego fue al lugar de los hechos.

Emilia había ido a la prisión a visitar a un cliente. A mitad del camino, se le ponchó una llanta.

Cuando bajó a revisar, alguien la golpeó, la dejó inconsciente, le puso un costal en la cabeza y la metió en una camioneta.

Sus guardaespaldas intentaron perseguirlos de inmediato, pero una camioneta de carga salió de la nada en un cruce y volcó su coche.

No se sabía nada del paradero de Emilia.

La matrícula que anotaron los guardaespaldas era clonada.

El rastreador que Nerea le había dado a Emilia fue encontrado tirado en un campo de cultivo junto a la carretera.

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