La recepcionista sonrió con sarcasmo:
—¿Pero no es la directora Echeverría? ¿A qué debemos el honor de que se rebaje a venir aquí? ¿Pasa algo?
La asistente de Isabel se apresuró a decir:
—Venimos a hablar de una colaboración.
—¿Colaboración? ¿Nuestra pequeña empresa, esas «migajas»? ¿A poco la directora Echeverría se fija en eso?
Isabel captó perfectamente la ironía y el desprecio en las palabras de la chica.
Su rostro se oscureció, pero se contuvo. No iba a rebajarse a discutir con ella, así que respondió con dignidad:
—No hay proyectos pequeños, solo buenos o malos. Por favor, avísele al director Garza.
La recepcionista soltó un bufido y pensó: «Qué falsa, qué hipócrita».
Luego, señaló con impaciencia las sillas de espera:
—Pues esperen ahí.
La asistente preguntó:
—¿Cuánto tiempo tendremos que esperar? La directora Echeverría está muy ocupada.
La recepcionista estalló:
—¡Nuestro director Garza también está muy ocupado! Si quieren esperar, esperen; si no, ahí está la puerta. Nadie las está obligando.
Justo en ese momento, Nerea y Flora entraron desde la calle.
Al verlas, la recepcionista dejó plantada a Isabel y corrió a recibirlas con entusiasmo.
Con un tono educado y respetuoso, dijo:
—Señora Reyes, directora Galarza, bienvenidas. Pasen por aquí, por favor; el director Garza las ha estado esperando.
Esa actitud era el día y la noche comparada con la anterior.
La cara de Isabel se puso lívida.
Su asistente, indignada por su jefa, reclamó:
—¿Qué les pasa? Nosotras llegamos primero.
—¡La señora Reyes y la directora Galarza son invitadas VIP de nuestro director! Además, ¿quién dice que el que llega primero pasa primero? A quién ve primero, o si los ve siquiera, es decisión de nuestro director. No se les olvide que ahora son ustedes las que vienen a rogarnos trabajo.
Esas palabras no dejaron ni un rastro de cortesía; la colaboración entre ambas empresas estaba muerta.
Flora se detuvo y saludó con un asentimiento:
—Directora Echeverría, nos volvemos a ver.
Nerea arqueó una ceja, provocando a Isabel a propósito:
—¿La directora Echeverría también viene a negociar proyectos?
Por más que Isabel intentara aguantar, ver a Nerea la hizo estallar.
Con el rostro helado y la barbilla levantada en un último gesto de orgullo, espetó:
—Deja de fingir. Solo vienes a robarme el proyecto.
—¿Tu proyecto? —Nerea miró a la recepcionista—. ¿Acaso el director Garza aceptó colaborar con la directora Echeverría?


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