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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 353

Cristian se secó el cuerpo y se quitó la camisa mojada, dejando al descubierto un torso firme y musculoso.

El tipo era un patán, sí, pero tenía buena cara y buen cuerpo.

A la enfermera se le iluminaron los ojos.

La mirada de Cristian pasó por la enfermera y se posó disimuladamente en Nerea.

Nerea lo miraba con una franqueza fría e indiferente, sin ninguna emoción, como quien mira un trozo de carne muerta.

Señaló la cama con la barbilla y le habló de mala gana:

—¿Qué miras? Vete a acostar.

Cristian sintió de repente una irritación inexplicable.

No entendía por qué estaba molesto.

¿Estaba enojado consigo mismo por ser tan débil y tener pensamientos impuros con Nerea?

¿O le molestaba que Nerea no sintiera absolutamente nada por él?

¿Tan poco atractivo era?

Cristian apretó las muelas, con evidente disgusto, y se tumbó boca abajo en la cama.

Nerea notó su mala cara, pensó que era un neurótico por ponerle gestos, y procedió a clavarle las agujas con fuerza.

Nerea tenía la mano pesada, y Cristian soltó un gemido de dolor.

—Nerea, ¿te estás vengando?

—Sí —respondió ella. Nunca ocultaba su aversión y odio hacia él; siempre fue muy directa al respecto.

Su franqueza le hizo un nudo en el estómago.

—Nerea, los médicos salvan vidas sin importar fronteras, raza, edad, si son buenos o malos, guapos o feos.

—Pues ve a buscar a uno de esos médicos —dijo Nerea mientras le clavaba otra aguja con fuerza.

Cristian agarró el borde de la cama con tanta fuerza que se le marcaron las venas, y no pudo evitar recordar el pasado.

Hace mucho tiempo, cuando le dolía el estómago, Nerea lo miraba con preocupación y le ponía las agujas con sumo cuidado.

Con cada aguja que ponía, lo miraba y le preguntaba si le dolía o si sentía alguna molestia.

En aquel entonces, Nerea era tan dulce como un sueño.

Al pensar en el pasado, Cristian sintió un momento de aturdimiento y un toque de amargura. Se le escapó decir:

—Nerea, antes no eras así. Antes me preguntabas si me dolía.

—Tú lo has dicho: antes. —La expresión de Nerea no cambió; hacía tiempo que había dejado atrás el pasado y ya no se atormentaba con eso.

Cristian guardó silencio un momento y murmuró:

—¿Podrías ser más suave?

Su voz fue muy baja, no se sabía si se lo decía a la Nerea actual o a la de sus recuerdos.

Nerea lo ignoró olímpicamente y siguió clavando agujas con violencia.

Terminó en un dos por tres, le dejó el resto a la enfermera y pidió que la llamaran en una hora.

Rocío llegó al hospital.

Francisca, al enterarse de que Cristian estaba en la habitación de al lado, la apuró para que fuera a verlo. Rocío llevaba una canasta de frutas.

Al saber que Isabel había drogado a Cristian, Rocío dejó la canasta.

—¿Para qué te traigo fruta? Debería haberte traído unas cuantas chicas guapas.

Cristian la miró inexpresivo, sin decir nada.

Rocío arqueó una ceja.

Capítulo 353 1

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