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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 502

Estefanía asintió, más tranquila.

Aunque era la primera vez que veía a Nicolás, el muchacho le había dado buena espina; se veía con energía y honesto, sin dobles intenciones.

Y lo más importante, había ayudado a Nerea.

Después de comer, Nerea condujo hasta Farmacéutica Navarro.

Rodrigo Navarro ya la esperaba en la sala de juntas. Se conectaron con la gente de Puerto Rosales y tuvieron una reunión maratónica de casi seis horas.

***

Mientras tanto, en la Secretaría de Seguridad Pública Municipal.

—Capitán Cabrera, el señor Rivera de ahí adentro ha estado haciendo preguntas muy sospechosas sobre el equipo de investigación, así que decidimos actuar rápido y detenerlo.

Nicolás revisaba los expedientes mientras escuchaba el reporte de sus subordinados.

Al terminar de leer, Nicolás empujó la puerta de la oficina y se sentó frente a Francisco Rivera.

—Señor Rivera —Nicolás golpeó la mesa con los nudillos—, desembucha. ¿Por qué tanta curiosidad sobre el equipo de investigación? ¿No sabe que la curiosidad mató al gato?

Francisco se ajustó los lentes, intentando mantener la calma.

—Solo pregunté por casualidad.

—Hay mucha gente en la Secretaría, y aparte de usted, ¿ve a alguien más preguntando "por casualidad"? Como funcionario, usted sabe perfectamente que no se debe preguntar sobre proyectos confidenciales. Pero usted, señor Rivera, sabiendo que el equipo maneja información clasificada, anduvo indagando con rodeos. ¿Qué pretende?

—No anduve con rodeos.

Nicolás levantó la mano y encendió el proyector. El video de vigilancia apareció frente a Francisco.

En la azotea, Francisco fumaba con un investigador, fingiendo una charla casual para sacar información.

Al no obtener nada, Francisco apareció en la cocineta, fingiendo encontrarse con otro investigador y volviendo a preguntar como quien no quiere la cosa.

Sin resultados, Francisco no se dio por vencido.

Se topó "casualmente" con un tercer investigador e intentó lo mismo.

Al terminar el video, la oficina quedó en un silencio sepulcral.

—Señor Rivera, para ser una pregunta casual, se la hizo a tres investigadores distintos.

—Ah... oh, entiendo. No, no hace falta, gracias.

Al colgar, Nicolás miró fijamente a Francisco.

—Hablemos de su hijo. Si coopera voluntariamente, tal vez pueda conseguir una reducción de pena. Si se empeña en callar, igual podemos investigar qué pasa con su hijo y tirar del hilo. Usted conoce nuestros métodos, no necesito explicarle. Si todavía estoy aquí sentado hablando con usted, es solo por consideración a que alguna vez fuimos compañeros. Pero si sigue necio, me voy ahora mismo.

Mientras hablaba, Nicolás se levantó, observando a Francisco.

Francisco mantenía la cabeza gacha, sus puños temblaban sin control.

Nicolás se dio la vuelta para irse. Cuando su mano tocó la perilla de la puerta, Francisco aflojó los puños y habló:

—Capitán Cabrera.

—Lo diré.

—¿Por qué investigaba al equipo? —Nicolás regresó a la mesa, clavándole una mirada afilada.

—Lo hice por encargo de Sally. Sally, la de Grupo Vega.

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