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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 810

Mientras veía a Patricia alejarse, el rostro de Marisa se ensombreció. ¡Cómo se atrevía a llamarla fea!

La furia la consumía; por un instante, deseó arrancarle a tirones esa cara tersa, blanca y llena de juventud.

Sin embargo, Patricia ya subía las escaleras seguida por Leonardo y los demás guardaespaldas.

El abogado tuvo que darle un leve toque a Marisa para que reaccionara y la siguiera.

Felipe Quiles había sufrido un accidente mientras paseaba en yate con una de sus amantes. Cayó al mar, quedó en coma y desde entonces sobrevivía conectado a máquinas. En realidad, le quedaba muy poco tiempo de vida.

Apenas cruzó la puerta de la habitación, los ojos de Patricia se llenaron de lágrimas. Corrió hacia la cama llorando a mares.

—¡Papá, papá! ¡Ya estoy aquí! ¡Pati regresó a verte!

Las personas en la habitación se sobresaltaron ante la abrupta entrada.

Como llevaba tantos años fuera, no la reconocieron de inmediato y pensaron que era la hija ilegítima de alguna de las amantes, que venía a exigir su parte de la herencia.

Renata Quiles, la hija de Marisa, frunció el ceño con disgusto y se dispuso a detenerla, pero Leonardo se interpuso en un abrir y cerrar de ojos, apartándola con brusquedad.

Patricia llegó a la cama y se dejó caer sobre su padre con tanta fuerza que casi lo aplasta.

Las máquinas de soporte vital comenzaron a emitir agudos pitidos de advertencia.

Haciéndose la desentendida, Patricia siguió llorando a gritos.

—¡Papá! ¡Papá, perdóname! ¡Llegué demasiado tarde!

Fue entonces cuando Marisa reaccionó. ¿Cómo sabía Patricia que Felipe estaba a punto de morir?

¿Acaso tenía espías en Rosarito?

¿O alguien de la familia la había contactado a sus espaldas para aliarse con ella y quedarse con la fortuna?

El rostro de Marisa se volvió de una palidez enfermiza.

Antes de que pudiera estallar, doña Beatriz Quiles, la matriarca de la familia, gritó enfurecida:

—¡De dónde salió esta salvaje! ¡Deja de llorar, que mi hijo todavía no se ha muerto! ¡Llamas a la desgracia!

—¡Alguien quítemela de encima antes de que termine de asfixiarlo!

Capítulo 810 1

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