Mientras veía a Patricia alejarse, el rostro de Marisa se ensombreció. ¡Cómo se atrevía a llamarla fea!
La furia la consumía; por un instante, deseó arrancarle a tirones esa cara tersa, blanca y llena de juventud.
Sin embargo, Patricia ya subía las escaleras seguida por Leonardo y los demás guardaespaldas.
El abogado tuvo que darle un leve toque a Marisa para que reaccionara y la siguiera.
Felipe Quiles había sufrido un accidente mientras paseaba en yate con una de sus amantes. Cayó al mar, quedó en coma y desde entonces sobrevivía conectado a máquinas. En realidad, le quedaba muy poco tiempo de vida.
Apenas cruzó la puerta de la habitación, los ojos de Patricia se llenaron de lágrimas. Corrió hacia la cama llorando a mares.
—¡Papá, papá! ¡Ya estoy aquí! ¡Pati regresó a verte!
Las personas en la habitación se sobresaltaron ante la abrupta entrada.
Como llevaba tantos años fuera, no la reconocieron de inmediato y pensaron que era la hija ilegítima de alguna de las amantes, que venía a exigir su parte de la herencia.
Renata Quiles, la hija de Marisa, frunció el ceño con disgusto y se dispuso a detenerla, pero Leonardo se interpuso en un abrir y cerrar de ojos, apartándola con brusquedad.
Patricia llegó a la cama y se dejó caer sobre su padre con tanta fuerza que casi lo aplasta.
Las máquinas de soporte vital comenzaron a emitir agudos pitidos de advertencia.
Haciéndose la desentendida, Patricia siguió llorando a gritos.
—¡Papá! ¡Papá, perdóname! ¡Llegué demasiado tarde!
Fue entonces cuando Marisa reaccionó. ¿Cómo sabía Patricia que Felipe estaba a punto de morir?
¿Acaso tenía espías en Rosarito?
¿O alguien de la familia la había contactado a sus espaldas para aliarse con ella y quedarse con la fortuna?
El rostro de Marisa se volvió de una palidez enfermiza.
Antes de que pudiera estallar, doña Beatriz Quiles, la matriarca de la familia, gritó enfurecida:
—¡De dónde salió esta salvaje! ¡Deja de llorar, que mi hijo todavía no se ha muerto! ¡Llamas a la desgracia!
—¡Alguien quítemela de encima antes de que termine de asfixiarlo!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio