No solo sería el hazmerreír de todos, sino que, si el chisme se filtraba a la prensa, la imagen de la empresa quedaría por los suelos y las acciones se desplomarían.
Sería un desastre total.
Tragándose la rabia, Marisa forzó una sonrisa y dijo:
—Pati, ¿para qué querría yo tu mesada? Te he estado guardando el dinero todo este tiempo. Solo te dije eso porque temía que, si te lo entregaba todo de golpe, no supieras administrarlo. Mi plan era guardártelo y dártelo como regalo de bodas cuando te casaras. Espero que no me tomes a mal, solo lo hice pensando en tu bienestar.
—Gracias, pero creo que ya es hora de que aprenda a manejar mis propias finanzas —respondió Patricia con una sonrisa inquebrantable—. Si no, ¿cómo voy a administrar el dinero de mi futuro esposo? No te preocupes por mi capacidad, tengo asesores financieros y un equipo de abogados de primer nivel.
Al no encontrar más excusas, Marisa sacó su celular, agregó a Patricia a sus contactos y, frente a la mirada de todos, le transfirió la jugosa cantidad que le debía.
Patricia había estado fuera quince años. Con una mesada mensual altísima, más los jugosos dividendos de la empresa, regalos en efectivo de las festividades, los intereses acumulados y demás.
La cifra era exorbitante.
Con una sonrisa radiante, Patricia le dio las gracias a Marisa.
Marisa estaba que se la llevaba el diablo, pero tuvo que mantener la sonrisa plástica para proteger su reputación de santa.
Luego de hacer el teatro de despedirse de su padre, Patricia suspiró con cansancio.
—El viaje en avión me dejó agotada, y con todo lo que he llorado, casi me desmayo. Quisiera ir a mi habitación a descansar.
El problema era que ya no existía una habitación para ella. Su cuarto había sido ocupado por Renata hacía años.
Como Patricia era la primogénita, le habían dado el mejor dormitorio de la casa. Era espacioso, con excelente iluminación y un ventanal que ofrecía una vista espectacular de los jardines y el lago.
Por supuesto, en cuanto la encerraron en el hospital psiquiátrico, Renata se apropió del cuarto sin dudarlo.
Según los planes de Marisa, Patricia debía pudrirse en el hospital psiquiátrico hasta el fin de sus días.
Su milagrosa recuperación y su repentino regreso la habían tomado totalmente por sorpresa.
Marisa sospechaba que había algo oscuro detrás de todo eso.
Pero en ese momento no tenía tiempo de investigar.

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