Justo en ese momento, la empleada doméstica entró acompañada de un militar.
Era Jefferson, quien había venido a recoger a Nerea para el tratamiento de Enzo.
Jefferson, que tenía un oído agudo, alcanzó a escuchar parte de la conversación.
—Doctora Galarza —saludó Jefferson a Nerea con un saludo militar impecable.
Luego, hizo una señal a los dos soldados detrás de él para que se acercaran.
Llevaban una caja grande que contenía un pescado fresco.
Era un ejemplar criado en las reservas especiales del ejército.
—Ayer usted tuvo prisa por volver a atender a su abuelo y no se quedó a comer. El Vicepresidente Lampe me pidió específicamente que le trajera esto para que lo pruebe.
Jefferson hablaba con voz firme y clara, de modo que todos en el comedor pudieron oírlo perfectamente.
—¿El Vicepresidente Lampe? —Doña Belén miró a Jefferson conmocionada y preguntó con incredulidad—: Joven, ¿se refiere al Vicepresidente Lampe que sale en las noticias todo el tiempo?
Jefferson asintió para confirmar.
—Sí, Doña Belén, es el mismo Vicepresidente Lampe que aparece en televisión.
—Oficial, ¿no se habrá equivocado? —Valentina no quería creerlo ni por un segundo y miraba a Jefferson con esperanza de que fuera un error.
¡Después de todo, era el segundo al mando de la nación!
¿Cómo podía Nerea conocer a una figura tan importante?
¿Y que además le enviara un pescado de regalo?
Aunque fuera solo un pez de agua dulce, ¡era un regalo del Vicepresidente Lampe!
¡Qué inmenso honor!
Pero Jefferson no asintió como ella deseaba, sino que reafirmó con contundencia:
—¡Es el Vicepresidente Lampe!
Valentina miró a Nerea totalmente impactada.
Aunque había oído a escondidas que el trabajo de Nerea era confidencial y nada común, jamás imaginó que tuviera relación con el segundo hombre más poderoso del país.
Si Nerea regresaba definitivamente a la Familia Galarza, aunque la familia no quisiera, la gente de fuera inevitablemente la compararía con Nerea.
¿Cómo podría ella competir con Nerea?
Si eso pasaba, ¿qué lugar le quedaría a ella dentro de la Familia Galarza?
Valentina sintió un pánico creciente y puso una cara como si estuviera a punto de llorar.
Por su parte, Doña Belén tampoco esperaba que Nerea hubiera conocido al Vicepresidente, y mucho menos que este le enviara un regalo personalmente.
Aquello era un honor enorme, tanto para Nerea como para toda la familia.
Si eso llegaba a saberse, las señoras de su círculo se morirían de envidia.

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