—Pero si hago eso, tu mamá será de alguien más —dijo Cristian con los ojos enrojecidos.
Ulises fue directo al grano:
—Entonces, en realidad, solo lo haces por ti mismo. Quieres a mamá por egoísmo, por eso nunca te importan sus sentimientos. Dices que la amas, pero en realidad solo te amas a ti mismo.
—No... —El rostro de Cristian palideció.
Ulises suspiró.
—Papá, tú y mamá son mi familia, los amo y quiero que ambos sean felices. Déjala ir, papá.
Cristian apretó los puños. No podía hacerlo.
Pero las palabras de Ulises sacudieron su interior, aumentando su tormento y su conflicto.
Ulises sabía que no lo lograría de la noche a la mañana, así que suplicó:
—Papá, cuando te recuperes, acompáñame a viajar por el mundo. Quiero ir a esquiar, quiero ver auroras boreales, osos polares, pingüinos, sumergirme en el mar y ver el espacio.
Decía que lo acompañara, pero en realidad era para acompañar a Cristian.
Padre e hijo lo sabían perfectamente.
Era raro que Ulises hablara tanto.
Desde su cirugía genética, su desarrollo mental acelerado le había dado una madurez impropia de su edad.
Por eso ya no era tan inquieto ni tan hablador como antes.
Las palabras sinceras de Ulises conmovieron a Cristian.
Finalmente, asintió.
—Está bien, iremos juntos a ver el mundo.
Al ver lo grande que era el mundo, tal vez el corazón se ensancharía.
Quizás algún día, Cristian realmente lograra dejarlo ir.
***
Por otro lado, en la selva primitiva.
Leonardo encontró rastros de jabalíes en un sendero del bosque.
—¿Cómo lo notaste? —preguntó Nerea con humildad, aprovechando la oportunidad para aprender.
El saber no ocupa lugar, y aprender algo nuevo nunca estaba de más; quién sabe si volvería a estar en una situación similar.
Leonardo señaló unos árboles de alcanfor cercanos.
—A los jabalíes les gusta comer corteza y raíces. Los troncos de estos árboles tienen marcas de mordidas en forma de anillo. Eso indica que hay jabalíes cerca.
Luego se agachó y señaló unas huellas en el suelo.
—Estas son huellas de jabalí, parecen una flor de ciruelo. Las delanteras son más grandes y profundas, las traseras más pequeñas, y suelen ir en línea recta o dispersas. Y mira aquí...
Leonardo señaló unos excrementos junto a los arbustos.
—Las heces de jabalí son ovaladas y tienen mucosidad en la superficie, lo que indica que son frescas. Podemos poner una trampa aquí.
Nerea ayudó a Leonardo a colocar una trampa sencilla pero letal.
Después continuaron su patrullaje.
Al poco rato, encontraron un árbol de arrayanes silvestres con un mono encima comiendo fruta.
Al verlos, Leonardo se agachó de inmediato para recoger una piedra.

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