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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 631

Ulises acompañó a Rocío hasta la salida de la habitación.

Rocío se puso el cubrebocas y los lentes oscuros, y preguntó con aire de suficiencia:

—¿Qué tal? ¿A poco no actúo bien? Mira nada más lo conmovido que dejé a tu papá.

Ulises la elogió:

—Eres toda una profesional, Rocío.

—Claro que sí. —Rocío aprovechó para agacharse y apretarle la mejilla—. Un niño tan guapo como tú debería sonreír más. Tu mamá va a estar bien.

Al mencionar a Nerea, la sonrisa de Rocío se tensó un poco, pero se recuperó de inmediato.

—Tenemos que tener fe en tu mamá. Hay que seguir con nuestras vidas para que ella no se preocupe y no ser una carga. Así que tú tampoco te angusties tanto, o te vas a convertir en un viejito amargado antes de tiempo.

—Ajá. —Ulises asintió y esbozó una sonrisa completamente mecánica.

Parecía una sonrisa fabricada en serie.

Rocío hizo una mueca de desagrado:

—...Olvídalo, no te fuerces. Ya me voy, regresa a la habitación y cuídate. Si necesitas algo, llámame; llegaré de volada.

Escoltada por su representante y sus guardaespaldas, Rocío salió del hospital.

Ulises la había buscado porque temía que Cristian no soportara el golpe emocional y desarrollara algún problema psicológico o se volviera loco. La preocupación de la familia y el consuelo de los amigos tal vez podrían distraerlo un poco.

***

Poco después de que Rocío se fuera, llegó Liam, todavía con aspecto de recién llegado.

En cuanto bajó del avión, se fue directo al hospital, arrastrando todavía su maleta.

Cristian lo miró con cierta sorpresa:

—¿Qué haces aquí? ¿Viaje de negocios?

—Vine a verte. —Liam caminó a grandes zancadas hacia la cama y dejó la maleta a un lado.

Cristian alzó una ceja y miró sus manos vacías.

—¿Y vienes a verme con las manos vacías? Hasta Rocío sabe que se debe traer un ramo de flores.

Liam se sentó, tomó el agua que Ulises le sirvió y sonrió:

—Gracias, Ulises.

Bebió un sorbo y luego miró a Cristian.

—Traigo mi corazón sincero, ¿no lo sientes?

Cristian se quedó sin palabras.

«Parece que todos se pusieron de acuerdo para venir a hacerme enojar».

—¿Cómo supiste que estaba hospitalizado?

Las noticias sobre lo ocurrido en el extranjero estaban bloqueadas para el público general, salvo para las autoridades y los familiares.

—Martina me lo dijo.

Martina era la futura nuera de la familia Galarza. Sabía del incidente de Nerea y, de paso, se enteró de las heridas de Cristian.

Al saber que Nerea estaba desaparecida y conocer la gravedad de las lesiones de Cristian, Liam no pudo quedarse quieto y viajó de inmediato.

—No te pongas tan triste. Tenerlo o no tenerlo da casi lo mismo. Mírame a mí: aunque lo tengo, nunca lo he usado, así que es como si no sirviera.

Liam decía la verdad, por lo que sonaba extraordinariamente sincero.

Cristian tomó su medicina y se durmió.

Liam y Ulises fueron a la sala de estar.

—Señor Liam, gracias por venir.

Liam le acarició la cabeza.

—Han sido días difíciles para ti, ¿verdad?

Ulises negó con la cabeza.

—Tu mamá... —Liam hizo una pausa, sintiendo un dolor en el pecho—. ¿Hay noticias de tu mamá?

—Mi abuelo dice que hay pistas.

Álvaro había ido a buscar a Alexander en cuanto llegó al extranjero y lo seguía a todas partes, lo cual facilitaba obtener información.

Ulises y él hacían videollamadas todos los días.

No solo para intercambiar noticias. Aunque Ulises era alto y parecía un adolescente, y su carácter era muy maduro, seguía siendo un niño, y Álvaro no estaba tranquilo.

Pero que Álvaro se quedara en el hospital era imposible. Después de cómo Cristian había tratado a Nerea, al abuelo le repugnaba verlo.

Así que abuelo y nieto se comunicaban por video a diario.

***

En la selva virgen.

El arco de Leonardo estaba listo. Había incrustado trozos de concha afilados en la punta de las flechas para aumentar su letalidad. Para la parte trasera de las flechas, usó plumas de ave que encontró al saquear un nido.

En ese mismo nido, encontró dos huevos sin empollar, del tamaño del puño de un adulto.

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