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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 658

¡Ahora se había encontrado con otro genio en potencia, y esta vez definitivamente tenía que convencerlo para que se dedicara a la investigación!

Cristian y su equipo unieron fuerzas con los mejores expertos en inteligencia artificial para atacar la dark web.

Gracias al esfuerzo de todos, en cuestión de minutos lograron vulnerar el sistema y fijar la ubicación de Lucas.

—¡¡Sí!! ¡¡¡Lo encontramos!!!

Los vítores de sus compañeros resonaron en los auriculares.

Cristian soltó sus manos casi acalambradas y se recostó en la silla; todo su cuerpo se había cubierto de una fina capa de sudor.

Ulises tenía lágrimas en los ojos:

—¡Papá, lo logramos!

Aunque solo habían sido unos pocos minutos, la intensidad de la batalla en ese tiempo no tuvo nada que envidiarle a un campo de guerra real.

Alexander ya había recibido la ubicación exacta y movilizó a su equipo rápidamente.

***

En la habitación de Lucas.

—¡No!

Con un grito repentino, Nerea abrió los ojos y se sentó de golpe en la cama, jadeando pesadamente como un pez moribundo al que le falta el aire.

En la mesa de noche, el incienso con propiedades sedantes aún desprendía un fino hilo de humo.

Le dolía la cabeza como si fuera a estallarle y sus ojos estaban inyectados en sangre.

En su mente no dejaban de aparecer las imágenes de los soldados cayendo, la muerte de Nicolás y cómo se llevaban a Leonardo.

La hipertimesia se volvía una verdadera tortura en esos momentos.

Porque cada cuadro de esos recuerdos era increíblemente nítido.

Tan nítido que parecía estar grabado a fuego en su cerebro.

El enorme dolor y la furia la invadieron, empeorando su malestar, como si su cráneo fuera a reventar.

—¡Lucas! —Apretó los puños con fuerza.

Al sentir algo extraño en su mano, la levantó, la abrió y vio en su palma unas cuantas cuentas verdes.

¡Era el rosario de Leonardo!

En el helicóptero, Lucas había intentado arrancarle el rosario de su rival para tirarlo.

Pero no hubo forma de que Nerea abriera la mano.

Por miedo a lastimarla, Lucas terminó rompiendo el hilo.

Las demás cuentas se habían perdido, y ahora solo le quedaban esas tres.

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