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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 687

—¡Ahhh...!

Afuera resonaban los gritos desgarradores de Amy, mezclados con el sonido de las bestias desgarrando y masticando carne.

En el comedor.

Augusto, con el rostro lleno de angustia, se acercó rápidamente a Lucas.

—Jefe, ¿se encuentra bien? Vamos a la enfermería de inmediato.

Pero Lucas lo ignoró. Con calma, dobló el pañuelo con el que se había limpiado la sangre de la nariz y lo dejó a un lado.

—¡Jefe! —insistió Augusto, desesperado.

Lucas levantó la vista y lo miró con suma indiferencia.

—Ahora te preocupas. Cuando me estaba comiendo la sopa, ¿por qué te quedaste callado?

El rostro de Augusto cambió de color en un instante.

—Jefe, yo...

—Ajustaremos cuentas luego.

Dicho esto, Lucas giró la cabeza para mirar a Nerea, quien estaba sentada enfrente con una sonrisa radiante.

El sonido de unos aplausos suaves resonó en la sala.

Ella aplaudía con elegancia.

—Qué buen espectáculo de perros matándose entre sí. Fascinante, digno de aplausos.

Tras varios enfrentamientos de ingenio y crueldad con Nerea, Lucas se había vuelto cada vez más paranoico.

Repasando los detalles de lo sucedido, le preguntó:

—¿Ya lo sabías?

Nerea alzó una ceja con una sonrisa enigmática.

—¿Crees que es posible? Si lo hubiera sabido, no te habría dado solo una cucharada. Habría tomado el plato y te lo habría metido por la garganta a la fuerza. Incluso si no abrieras la boca, te habría hecho un agujero en la cabeza para vaciarlo ahí y envenenarte hasta matarte. No te habría dejado medio muerto como ahora.

Lucas la observó con una expresión indescifrable.

Nerea le sostuvo la mirada con total naturalidad, sin mostrar la más mínima fisura en su actitud.

Lucas decidió creerle por el momento.

Conociendo el carácter de Nerea, si lo hubiera sabido, seguramente habría intentado atragantarlo con el plato entero.

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