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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 106

Higinio suspiró y sonrió con aire lastimero.

—Qué le vamos a hacer, quedar lisiado me ha torcido por dentro.

—Qué bromista eres, hermano —dijo Álvaro, lanzándole una mirada de reojo—. Si de verdad tienes problemas psicológicos, deberías tratarte cuanto antes. De lo contrario, me temo que el abuelo seguirá posponiendo el asunto del heredero.

Dicho esto, se alejó.

Higinio observó la espalda de Álvaro con desprecio. Sus ojos oscuros se endurecieron mientras tamborileaba con los dedos en el reposabrazos de su silla de ruedas.

«Álvaro, Álvaro… pronto entenderás lo que significa que la avaricia rompe el saco. Yo podría haberles garantizado a ti y a Gabriela una vida de lujos y sin problemas, pero ustedes insistieron en buscar su propia ruina».

***

En el centro del salón había todo tipo de instrumentos: un piano, un violín, un violonchelo, una guitarra, una batería…

Carolina se dirigió primero al piano, levantó la tapa y eligió una pieza reconocida mundialmente por su extrema dificultad. La interpretó de principio a fin sin una sola pausa.

Su postura era elegante, sus ágiles dedos volaban sobre las teclas blancas y negras. Parecía una princesa.

—No por nada es la artista de Solara. Esa pieza es increíblemente difícil, y ella la toca como si nada.

—Claro, ¡ha ganado más premios en su vida que los manjares que hemos probado nosotros!

Patricio fue el primero en aplaudir y aclamar:

—¡Bravo, Carolina, tocaste de maravilla!

La mirada de Ricardo también reflejaba alegría.

Fátima por fin pudo respirar tranquila. Miró a Tatiana, que estaba sentada frente a ella.

—Carolina es, sin duda, la buena hija que crié con tanto esmero. Miren cómo toca el piano, es una maravilla. Ni su elegancia ni su talento se pueden comparar con los de esa chica, Doris.

Tatiana, sin embargo, respondió con sarcasmo:

—Bueno, no fue en vano que Adelina se arriesgara a ir a la cárcel por intercambiar a su hija. Aunque ella esté encerrada, al menos su hija fue bien criada por ti y ahora está brillando.

La Tatiana de antes, siempre serena y discreta, jamás se habría enfrascado en una discusión así con Fátima.

Pero ahora no soportaba que se hablara mal de Doris, y su lengua se había vuelto afilada.

—Tienes razón. Como mi cuñada no ha criado a un hijo desde pequeño, no sabe el esfuerzo y el cariño que se invierten. No entiende que no se puede renunciar a ellos tan fácilmente.

Antes, ese era un tema delicado para Tatiana.

Cada vez que lo mencionaban, se quedaba sin palabras.

Pero ahora, a Tatiana ya no le importaba no haber tenido hijos. ¡Doris era su hija, su preciosa hija!

***

Bajo la mirada de admiración de todos, Carolina se levantó y le dedicó una sonrisa radiante a Doris.

—¿Hay algo más que quieras que toque, Doris? Y por cierto, si de verdad quieres aprender, puedo enseñarte.

Señaló con un gesto despreocupado los instrumentos dispuestos por el salón.

—No solo el piano, puedo enseñarte a tocar cualquiera de los instrumentos que hay aquí.

***

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