Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 126

—Claro que no, mi niña —respondió Fátima con una sonrisa radiante—. Tus manos nunca han tocado un traste, ¿cómo voy a dejar que hagas trabajo de cocina? Ve a esperar afuera.

Carolina asintió.

—Está bien, mamá.

Salió de la cocina y se sentó en silencio en el sofá. Observó a Doris y Tatiana desayunar entre risas y charlas, y el odio en sus ojos se hizo cada vez más intenso.

Si no fuera por Doris, ella podría estar disfrutando de un desayuno familiar así todas las mañanas, sin preocupaciones y en armonía.

Su padre, Julián, la valoraba; su madre, Fátima, la adoraba; y sus dos hermanos la consentían sin medida.

Pero ahora, en apenas una semana desde que Doris había vuelto con la familia Palma, ¡todo había cambiado!

¡Doris había arruinado la vida perfecta que tenía!

¡Y no iba a permitir que siguiera presumiendo y saliéndose con la suya!

***

Media hora después…

—Doris, ven, te he preparado un postre de frutas. Pruébalo, a ver qué te parece —dijo Fátima mientras ella y Patricio salían de la cocina, cada uno con un tazón del postre recién hecho.

Doris y Tatiana acababan de terminar el desayuno que había preparado Emma. Doris se tocó el estómago, echó un vistazo al postre humeante en las manos de Patricio y dijo con indiferencia:

—Déjalo ahí. Ahorita no me cabe nada.

—Mamá, Doris y la tía acaban de comer —dijo Carolina en voz baja.

—Tú…

—No pasa nada, Patri, no te preocupes. Tu hermana tenía hambre y no podía esperar. La próxima vez se lo traeremos ya hecho para que no tenga que esperar —dijo Fátima, dejando su tazón de postre en la mesa. Luego, secándose las manos, empujó a un Patricio malhumorado hacia adelante—. Doris, anoche tu padre ya castigó a Patricio. Lo hizo escribir de rodillas una carta de disculpa de mil palabras, y vino especialmente para dártela.

Mientras hablaba, sacó un fajo de hojas del bolsillo y se lo tendió a Doris con una sonrisa amable.

—Mira, Doris, esto es lo que escribió Patricio. De verdad se dio cuenta de su error. ¿Qué te parece si dejamos por la paz lo del vestido?

—¿Una disculpa de mil palabras? —Doris tomó el fajo de hojas que le ofrecía Fátima y, sin siquiera mirarlo, lo arrojó al bote de basura que tenía a sus pies—. ¿Y con esto ya se disculpó? Tía, ¿te has puesto a pensar qué me habría pasado anoche en la fiesta de bienvenida si no hubiera podido demostrar que mi vestido era el original? Mi abuelo me habría despreciado, todo el círculo de la alta sociedad de Solara se habría burlado de mí, y mi vida en la familia Palma habría sido un infierno.

Soltó una risa fría.

—Y ahora, Patricio cree que con una simple carta de disculpa voy a perdonarlo. No sé si es que se tienen en demasiada estima o es que a mí no me valoran en absoluto. Además, dices que la escribió de rodillas, pero ¿quién sabe si es verdad? ¿Por qué no la escribe de nuevo, de rodillas, aquí mismo, delante de mí?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida