—Papá…
Justo cuando Fátima iba a expresar su descontento, su esposo Julián la agarró del brazo. Con el rostro sombrío, negó con la cabeza.
—Ya basta, Fátima. Vámonos.
Luego, Julián miró al patriarca.
—Papá, Fátima y yo nos retiramos.
—Adelante.
Cuando se hubieron alejado, Mauro se giró hacia su nieta Doris y, negando con la cabeza, dijo con resignación:
—¿Satisfecha?
Doris se encogió de hombros.
—¿Satisfecha? Ellos vinieron a buscar problemas. Una patada es un castigo muy leve.
Mauro suspiró.
—Ay, esta niña… Tienes un carácter demasiado afilado. No sé si eso es bueno o malo.
—Si tienes la capacidad para respaldarlo, tener carácter es algo bueno —respondió Doris con indiferencia.
Mauro se quedó pensativo al oírla.
Era cierto. A sus dos hijos y dos nietos les faltaba precisamente ese tipo de empuje respaldado por la capacidad.
Quizás, su nieta realmente podría hacer que la familia Palma fuera más fuerte en el futuro, ¡incluso competir con una familia de la élite como los Villar!
Con esa idea en mente, Mauro asintió pensativamente.
—Si de verdad eres lo suficientemente capaz, entonces mantén ese carácter. La familia Palma necesita a alguien como tú para crecer.
Doris sonrió.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida