—No te preocupes, hay muchas mujeres buenas en el mundo.
—No es que esté desconsolado, pero sí me siento como un tonto por haberme equivocado así. Estuve a punto de traicionarte sin saberlo y me siento fatal. Félix me encargó específicamente que te cuidara. En fin, si la gente de la familia Palma te molesta, dímelo y no me quedaré de brazos cruzados.
—Claro, pero ya sabes que en este mundo nadie puede conmigo.
—También es cierto. Si alguien tuviera esa capacidad y Félix se enterara, Solara ardería en llamas. Bueno, nos vemos en un rato en Ají y Limón.
—De acuerdo.
Tras colgar con Antonio, Doris no pudo evitar sonreír de nuevo.
Parecía que Carolina, la talentosa y altiva dama de Solara, cuanto más alto intentaba escalar, más se alejaba de su objetivo.
Aunque la familia de Antonio no era tan poderosa como la de los Villar, seguía siendo una de las grandes familias de Solara. Para la familia Palma, en su estado actual, un matrimonio con ellos sería un gran ascenso.
Si las familias de la élite de Solara se dividieran en tres niveles…
El primer nivel lo ocuparían la centenaria familia Villar, la familia Figueroa con su trasfondo en investigación científica y alianzas con el gobierno, la familia Benítez que fue pionera en el auge de internet, y la familia Carrasco, a la que se unió su tía Andrea Palma. También incluiría a algunos peces gordos de Pueblo de la Luna con conexiones políticas.
En el segundo nivel estarían su familia Palma, la familia Jiménez de Fátima, y la familia Lara de su nueva y hermosa madrastra.
En cuanto al tercer nivel, la mayoría serían familias que habían surgido en los últimos años en Solara gracias a nuevos mercados, como el de las energías renovables. Su poder aún no estaba consolidado, pero ya se habían hecho un nombre.
Pero ahora, después de renunciar al heredero de la familia más poderosa, Higinio Villar, Carolina estaba a punto de dejar pasar a otro heredero oculto, Antonio.
En el futuro, sus oportunidades para ascender serían cada vez menores.
***
Carolina y Patricio llegaron primero a Ají y Limón. Se bajaron del carro y esperaron a Ricardo y Antonio.
De repente, Carolina vio a Higinio en la entrada del restaurante y sus ojos se iluminaron.
—Patricio, ¿ese no es Higinio? Vamos a saludarlo.
—Mejor no —dijo Patricio—. Tu compromiso con él ya se terminó, y en la fiesta de bienvenida, fue muy obvio que estaba del lado de Doris.


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