Aunque a Fátima no le hizo ninguna gracia, fulminó a Doris con la mirada y respondió entre dientes:
—Está bien, papá, puedo esperar. ¡Esta vez confío en que le hará justicia a Patri! ¡Si no, no me quedará más remedio que llamar a la policía!
Salió de la habitación de Doris dando un pisotón, visiblemente enfadada.
Carolina la siguió a toda prisa, pero Ricardo, que apenas había dado unos pasos, escuchó la voz de Mauro a sus espaldas.
—Ricardo, espera un momento. Tengo que hablar contigo.
Ricardo se detuvo, sorprendido. Se dio la vuelta y asintió respetuosamente.
—Sí, abuelo.
Julián, que había estado observando la escena en silencio, frunció el ceño al oír que el patriarca quería hablar a solas con su hijo mayor. Se preguntó, con recelo, qué querría decirle.
—Julián, tú también puedes retirarte —ordenó Mauro.
—Sí —asintió Julián, y salió de la habitación.
Tatiana miró a su esposo, Felipe, con algo de nerviosismo.
Felipe le dio una suave palmada en la mano, indicándole que se calmara.
Una vez que la familia de Julián se hubo marchado, Mauro habló con un tono solemne.
—Ricardo, Carolina dijo que hoy fueron a Ají y Limón para reunirse con alguien importante para el futuro de Entretenimiento Estrela, ¿una tal Dovina?
Ricardo no esperaba que su abuelo le preguntara por eso.
—Sí —asintió—. Dovina es una escritora de novelas muy famosa en internet. Las adaptaciones de sus tres primeros libros fueron un éxito rotundo de audiencia. Quería comprar los derechos de su última novela, y Carolina dijo que conocía a un escritor amigo de Dovina que podía arreglar una reunión.
—Y resulta que cuando llegaron, ¿descubrieron que esa escritora, Dovina, era Doris? —continuó Mauro.

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