Ya intuía que su nieta no codiciaba la fortuna de la familia Palma; o mejor dicho, heredarla o no, no le afectaba en lo más mínimo.
Al contrario, era la familia Palma la que, para mantenerse a flote en el competitivo mundo de Solara, ¡necesitaba a su nieta!
—Aunque ni tú ni el señor Villar resultaron gravemente heridos en el accidente, voy a consultar con la familia Villar sobre la fiesta de compromiso, por si quieren posponerla.
—No creo que sea necesario —dijo Doris con una sonrisa—. Y creo que Higinio piensa lo mismo.
Mauro se sorprendió de su seguridad, pero luego sonrió con resignación.
—Ustedes los jóvenes, cuando están enamorados, no pueden esperar. Bueno, este viejo ya no te molesta más. Con tus padres aquí para cuidarte, es suficiente.
—Tatiana y yo cuidaremos bien de Doris —afirmó Felipe con seriedad.
Después de que Mauro se fuera, Tatiana finalmente pudo relajarse.
Sin embargo, no bajó la guardia.
—Espero que en Ají y Limón encuentren pruebas de que Patricio manipuló tu carro. Si no, conociendo a tu tía, no nos dejarán en paz hasta que se aclare todo.
Felipe le dio una suave palmada en el hombro para tranquilizarla.
—No te preocupes. Pondré guardaespaldas en la puerta de la habitación de Doris día y noche. No les daré ninguna oportunidad de hacerle algo.
—De acuerdo. —Las palabras de Felipe la calmaron un poco, pero la rabia seguía bullendo en su interior—. ¡Si de verdad Patricio manipuló los frenos del carro de Doris, se merecía que lo mataran en el choque!
Doris sonrió.
—Mamá, no te enojes, que te van a salir arrugas. Mejor esperemos tranquilamente los resultados de la investigación del mayordomo. Si resulta que Patricio sí manipuló los frenos, entonces no serán ellos los que nos pidan cuentas, sino nosotros a ellos.
Tatiana asintió y le devolvió la sonrisa.
—¡¿Qué?! —exclamó Fátima, furiosa—. ¡No puede ser! ¡Justo ahora que Patri está así, el abuelo toma esta decisión! ¡Cada vez nos tiene menos en cuenta! ¡Ahora solo le importan mi hermano, mi cuñada y Doris!
Carolina intentó consolarlo.
—No te preocupes, Ricardo, todavía hay una oportunidad, ¿no? Si a fin de mes consigues ver a Dovina y comprar los derechos de su última novela…
—Ya no hay oportunidad. —Ricardo negó con la cabeza, con una sonrisa amarga. Ante la mirada perpleja de su familia, tuvo que revelar una verdad que les costaría aceptar—. Doris es Dovina. Jamás me venderá los derechos. Cuando ella dirija Entretenimiento Estrela, podrá producirla ella misma.
—¡¿Qué?! —La que más tardó en asimilarlo fue Carolina. Le temblaban los labios—. Entonces… ¿Antonio no me mintió? ¿Lo malinterpreté todo?
—Así es… Carolina, Doris me pidió que te diera un mensaje. —Al decir esto, Ricardo pareció dudar, lo que inquietó aún más a Carolina.
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