Carolina sintió un vuelco en el corazón. Estaba segura de que el mensaje que Doris le enviaba con Ricardo no era nada bueno.
—¿Qué mensaje?
—Dijo que Antonio es el único hijo de la acaudalada familia Figueroa de Solara —respondió Ricardo con un tono amargo y resignado.
Antes de que Carolina pudiera reaccionar, Julián ya estaba en shock.
—¡¿Te refieres a la familia Figueroa, la que tiene un imperio en la investigación científica?!
Ricardo asintió.
—Eso parece que quiso decir Doris.
Al recibir la confirmación de su hijo, la expresión de Julián se volvió extremadamente seria.
Había movido cielo y tierra, utilizando todos sus contactos, solo para intentar establecer una relación con la familia Figueroa. Lo que más le interesaba era su formidable capacidad de investigación.
La familia Figueroa no solo poseía sus propias bases de cultivo de nuevas materias primas medicinales, sino que también había desarrollado con éxito numerosos compuestos novedosos. Sin embargo, y esto era lo desconcertante, a pesar de su ventaja, no se dedicaban a la fabricación de medicamentos. Se limitaban a vender las materias primas, sin participar en el procesamiento posterior.
Durante años, la compañía farmacéutica que dirigía Julián había estado estancada, sin lograr ninguna innovación. Aunque se devanaba los sesos pensando en cómo invertir más en la investigación de nuevos fármacos, no había encontrado la manera de colaborar con la familia Figueroa.
Y ahora, por lo que decía su hijo Ricardo, ¡¿acababa de perder otra oportunidad de que su hija adoptiva, Carolina, se casara con un miembro de la familia Figueroa y les asegurara un poderoso aliado?!
Esas palabras hicieron que Carolina se tambaleara, casi perdiendo el equilibrio. Tardó un momento en recomponerse.
Así que el único heredero de la familia Figueroa se había interesado por ella, ¡y ella misma había dejado escapar esa oportunidad!
Antonio, Antonio… Siempre pensó que era su seudónimo. Nunca lo relacionó con el misterioso y único hijo de la acaudalada familia Figueroa.
¡Claro!
¡Ahora todo encajaba!
Se decía que el heredero de la familia Figueroa se negaba a hacerse cargo del negocio familiar para dedicarse a sus pasiones.
—Entiendo, papá. No te decepcionaré.
Ricardo, sin embargo, notó la tensión en su rostro.
¿De qué servirían las disculpas?
Después de lo de ayer, era evidente que Antonio estaba decepcionado de Carolina. Además, parecía llevarse muy bien con Doris. ¿Qué razón tendría para ponerse del lado de Carolina?
—Papá, mamá, hermano, me voy a casa. Buscaré el momento para disculparme con Antonio y explicarle lo de ayer. Por la noche volveré para cuidar de Patricio —dijo Carolina.
—Ve —asintió Julián—. Estos días tendremos que contar contigo para que cuides de Patricio.
—Es mi deber —respondió Carolina con docilidad—. Patricio ha sido tan bueno conmigo que desearía ser yo la que estuviera en esa cama, y no él.
Cuando terminó de decir esa frase, las pestañas de Patricio temblaron en la cama.
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