Patricio quería gritar: «¡Hermano, no te dejes engañar por su cara de mosquita muerta!».
Pero no podía.
Después de consolar a Carolina por un buen rato, Ricardo finalmente la soltó.
—Caro, ya me voy. Te encargo a Patricio.
Carolina se secó las lágrimas y asintió.
—Sí, hermano, no te preocupes. Cuidaré bien de Patricio.
Ricardo, sin sospechar nada, se levantó. Volvió a mirar a Patricio en la cama y, cuando estaba a punto de irse, vio de reojo un pequeño punto rojo en el codo de su hermano.
Se detuvo y frunció el ceño. Se acercó a la cama para ver mejor qué era ese punto.
En ese momento, Carolina se levantó rápidamente y metió el brazo de Patricio debajo de las sábanas.
—El clima está refrescando. Qué descuidada soy, no puedo dejar que Patricio se enfríe.
Ricardo seguía confundido. Carolina agitó la mano como si espantara mosquitos.
—Aunque todavía hay mosquitos aquí en el hospital. Anoche me picaron varias veces.
Al ver que Carolina también tenía varias picaduras de mosquito, Ricardo finalmente descartó sus dudas.
—Si hay mosquitos, mañana trae repelente.
—Sí —asintió Carolina.
Ricardo no dijo más y salió de la habitación.
Carolina lo acompañó hasta la puerta. Se quedó allí, esperando a que Ricardo entrara en el ascensor. Solo cuando estuvo segura de que no volvería, cerró la puerta y soltó un suspiro de alivio.
¡Qué susto! ¡Casi descubren que le estaba inyectando algo a Patricio!
La duda se hizo más fuerte. Después de pensarlo detenidamente, Ricardo decidió que al día siguiente tomaría el celular de Patricio para averiguar a quién había encargado la investigación sobre el pasado de Doris y qué resultados había obtenido.
Finalmente, sacó su propio celular y marcó el número de su asistente.
—¿Cómo está el ladrón?
—Señor Palma, no se preocupe. El ladrón ya recibió el antídoto y está en el hospital bajo observación —respondió el asistente.
—Bien —continuó Ricardo—. Mañana, pregúntale si estaría dispuesto a aceptar otra misión. Esta vez es mucho más sencilla y sin ningún riesgo. Por supuesto, la comisión será la misma que la anterior.
—De acuerdo. ¿Qué quiere que robe esta vez, señor Palma? —preguntó el asistente.
Ricardo dudó un momento, pero finalmente tomó una decisión y dijo lentamente:
—Un bolso de mujer.
***

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