La mano de Doris se detuvo. Levantó la vista y, mirando el atractivo rostro del hombre, bromeó:
—Oye, Higinito, tus piernas todavía no están curadas y ya estás pensando en esas cosas. Qué poco serio.
—Si delante de ti logro mantener la seriedad, ten por seguro que estoy fingiendo —sonrió Higinio.
—Mi mamá siempre dice que soy muy halagadora —volvió a bromear Doris—, pero creo que a tu lado me quedo corta.
—En internet, sobre las relaciones de pareja, recuerdo una frase que decía algo así como: "al que tiene interés, no hay que enseñarle". Quizás esto es algo que me sale natural contigo —dijo Higinio sin pensarlo.
—¿Tan desocupado estás últimamente que te has puesto a estudiar psicología de las relaciones? —lo provocó Doris, enarcando una ceja.
—Antes mi vida era monótona. Ahora que tengo tiempo libre, intento ampliar mis intereses —admitió Higinio sin reparos.
Así, entre charla y charla, el tiempo pasó volando y el tratamiento terminó.
Doris desinfectó cuidadosamente con alcohol las agujas usadas y las guardó una por una en su estuche. Bajó la mirada hacia Higinio y preguntó:
—Llevo un tiempo tratándote. ¿Qué sientes en las piernas ahora?
—A menudo siento un hormigueo, como un cosquilleo —dijo Higinio, tocándose la rótula—. Y como si una fuerza recorriera su interior.
—Bien, eso significa que están recuperando la fuerza gradualmente. Si no le temes al dolor, puedes intentar apoyar los pies en el suelo de vez en cuando. Al principio no hagas mucha fuerza, y a medida que te acostumbres, aumenta la presión poco a poco —le indicó Doris.
—De acuerdo —asintió Higinio con seriedad.
Doris guardó su estuche de agujas, se estiró y bostezó.
—No te preocupes. Dije que te curaría en tres meses, y así será. No seguirás lisiado para el próximo año.
—Sí, confío en tus habilidades. Estás cansada, ve a tomar una siesta —dijo Higinio con voz suave.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida