—Está bien —asintió Tatiana—. Si a la gente del pueblo se le complica venir, tu papá y yo podemos mandar a alguien a recogerlos.
—No hace falta tanta molestia —dijo Doris con una sonrisa—. Tienen sus propios carros para venir, el problema es ver si tienen tiempo.
Después de todo, la gente de su pueblo eran todos unos cerebritos muy ocupados con sus investigaciones.
—Bueno, cualquier cosa que necesites, solo dinos. En esta fiesta de compromiso, tu papá y yo también te vamos a cuidar la espalda —dijo Tatiana, tan dedicada como siempre a los asuntos de Doris, igual que en la fiesta de bienvenida.
Felipe, sentado al otro lado del sofá, añadió:
—Lo bueno es que esta vez la fiesta la organiza la familia Villar, y como Patricio sigue en coma en el hospital, dudo que tus tíos se atrevan a hacerte pasar un mal rato.
Al escuchar a su esposo, Tatiana se tranquilizó un poco.
—Es verdad, no se atreverían a armar un escándalo en la casa de los Villar.
—Sin embargo… —Felipe todavía tenía otras preocupaciones—. Es probable que algunos de los Villar aprovechen la situación de las piernas de Higinio para atacarlo. Él va a tener que soportar bastante presión, e incluso podría salpicarte a ti, Doris. Tienes que estar preparada.
Lejos de asustarse por las palabras de su apuesto nuevo papá, Doris sintió una mezcla de emoción y anticipación.
La gente que le encantaba hacer leña del árbol caído era su tipo favorito para enfrentar, ¡sobre todo los que venían a buscarse problemas por su cuenta!
¡Que se le pusiera uno enfrente y lo despachaba; si venían dos, pues a los dos!
Con un brillo travieso en los ojos, Doris sonrió relajadamente.
—Papá, mamá, no se preocupen. Ya vieron cómo me las gasto en la fiesta de bienvenida. ¿Cuándo me han visto acobardarme? Al que se atreva a molestarme, le respondo y punto.
Al ver esa actitud de no tenerle miedo a nada, Tatiana sonrió con satisfacción.
—También es cierto. Con una hija tan increíble como la mía, a ver quién es el que termina corriendo. Bueno, acabas de salir del hospital hoy, así que sube a tu cuarto. Cuando termines la lista de invitados, descansa. La fiesta del sábado seguro será otra batalla agotadora.
Sus palabras rebosaban de orgullo, y su rostro no podía ocultar el cariño que sentía.

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