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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 242

—Ah —dijo Germán, sin mostrar mucho interés—. ¿Álvaro? No me suenas. Solo he oído hablar del primogénito de los Villar, Higinio. El lisiado que se va a comprometer con Doris.

La indiferencia lo molestó, pero como necesitaba un favor, Álvaro mantuvo su habitual amabilidad y fue directo al grano.

—Germán, me contaron que tú y Doris anduvieron un tiempo.

Al oír el nombre de Doris, los ojos de Germán se iluminaron.

—Sí, ¿y qué con eso?

—¿No te gustaría que fuera tuya? —le preguntó Álvaro, con un tono seductor.

Germán lo miró como si hubiera dicho una obviedad.

—Claro que quiero. ¿Qué? ¿Viniste hasta acá solo para ayudarme a conquistarla?

«Con eso basta».

La comisura de los labios de Álvaro se curvó hacia arriba.

—Exacto —asintió—. Si te echo una mano para que te quedes con ella, ¿estarías dispuesto a cooperar conmigo?

Germán asintió sin dudarlo.

—Por supuesto. El problema es qué quieres que haga.

Una chispa de malicia brilló en los ojos de Álvaro mientras bajaba la voz.

—Piénsalo. En la fiesta de compromiso de Doris con mi hermano, ¿qué crees que pasaría si todos los invitados los vieran a ustedes dos, solos en una habitación? ¿Crees que ella podría seguir adelante con el compromiso? Al final, no le quedaría más remedio que casarse contigo.

Germán se quedó helado por un instante, pero enseguida lo comprendió y aplaudió la idea.

—¡Genial! ¡Es una idea excelente! Así, sin reputación, ¡no tendrá más opción que elegirme a mí! Jaja…

Al verlo tan entusiasmado, Álvaro le advirtió con una sonrisa:

—No cantes victoria tan pronto. Mañana haré todo lo posible para crearte la oportunidad perfecta, pero que la sepas aprovechar o no, ya dependerá de ti.

—Ah —dijo Germán—. ¡Ya veo! ¡Qué buen hermano eres!

Por alguna razón, Álvaro sintió que ese "buen hermano" tenía un doble sentido, pero al ver la expresión simplona de Germán, pensó que estaba imaginando cosas.

—Mi hermano siempre ha sido bueno conmigo —sonrió—. Es lo menos que puedo hacer por él.

—De acuerdo, ya entendí —dijo Germán con entusiasmo—. Mañana cooperaré contigo sin falta.

Con el trato cerrado, Álvaro sonrió satisfecho.

—Entonces me retiro, no te quito más tu tiempo.

—¡Con cuidado, hermano! —Germán levantó la mano para despedirse.

Mientras veía el carro de Álvaro alejarse, Germán frunció el ceño y maldijo entre dientes al vehículo que desaparecía:

—«¡Este idiota de los Villar vino a propósito para joderme! ¡Y todavía quiere que mañana, en la fiesta, me acueste con Doris para que no le quede de otra! ¡Como si yo fuera estúpido! Si pudiera drogarla para acostarme con ella, ¿necesitaría que él me lo dijera? ¡Ya lo habría hecho hace mucho!».

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