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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 25

Doris lo pensó un momento y dio una estimación conservadora.

—Diría que tengo un noventa por ciento de seguridad.

En realidad, estaba cien por ciento segura.

La última vez que Higinio la visitó, examinó sus piernas. La lesión era reciente, así que las posibilidades de recuperación eran muy altas.

La razón por la que los médicos famosos decían que no había cura era porque confiaban demasiado en los tratamientos convencionales.

Ella, en cambio, tenía sus propios métodos.

Mientras a una persona le quedara un soplo de vida, ella podía arrebatársela de las manos a la mismísima muerte.

—¿Un noventa por ciento de seguridad? —Tatiana y Felipe se miraron, sorprendidos—. De acuerdo, respetamos tu decisión. En la cena del sábado, si tus tíos proponen que tomes el lugar de Carolina para casarte con el señor Villar, y tú estás de acuerdo, tu padre y yo no nos opondremos.

Doris, con un gesto cariñoso, tomó el brazo de Tatiana.

—¡Ay, no puede haber padres más comprensivos en todo el mundo!

El comentario hizo reír a Tatiana, quien le dio un golpecito en la nariz.

—Es porque eres mi tesoro de hija.

—Y tú eres mi tesoro de mamá.

—Así es, mi tesoro de hija.

A un lado, Felipe observaba la escena entre madre e hija con una sonrisa de satisfacción. Hacía mucho tiempo que no veía a Tatiana reír con tanta sinceridad.

La llegada de Doris era, sin duda, un regalo del cielo para ellos.

***

Después del desayuno, Tatiana vio que todavía era temprano y que los centros comerciales seguramente no habían abierto, así que propuso:

—Doris, ayer llegaste muy tarde y no tuviste tiempo de conocer la propiedad. ¿Por qué no aprovechas la mañana para familiarizarte con el lugar? Más tarde salimos a comprarte ropa.

Doris no tuvo objeciones.

Llevaba un vestido blanco largo y el cabello suelto. En la mano sostenía un libro en otro idioma, dándole un aire de intelectual bohemia.

Al ver a Doris, Carolina se sorprendió por un momento, pero luego una sonrisa despectiva apareció en su rostro. Se acercó rápidamente, tomó la mano de Doris y le dijo con entusiasmo:

—¡Doris, buenos días! ¿Dormiste bien anoche? ¿Te sentiste incómoda? Después de todo, la casa Palma no es tan tranquila y apacible como el pueblo.

Doris miró a la hipócrita de Carolina con una fría sonrisa interna, pero respondió sin inmutarse:

—¿Estás insinuando que, por venir de un pueblo, no estoy acostumbrada a vivir en un lugar como este, en lo que ustedes llaman una mansión?

Carolina negó rápidamente con la cabeza y las manos, con una expresión de inocencia.

—¡Doris, me malinterpretaste! Por supuesto que no me estoy burlando de ti, solo me preocupo por tu bienestar.

Sin embargo, Doris no le creyó.

—Deja de fingir inocencia. ¿Crees que no sé lo que estás pensando? Tu madre está en la cárcel y tú tienes el descaro de seguir durmiendo tan tranquila en la casa Palma. ¡Es realmente impresionante! Pero, a diferencia de ti, yo soy la verdadera heredera de esta familia. ¿Cómo podría no dormir bien?

***

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