Sergio aceptó sin pensarlo.
—Por supuesto, eso no es ningún problema. Si no fuera por tu ayuda, Dorita, el centro de cultivo de la familia Figueroa ni siquiera podría mantenerse a flote.
Óscar preguntó con impaciencia:
—¿Y yo? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Dorita?
—Espero que, cuando llegue el momento, puedas ser el asesor médico de la Farmacéutica Palma durante un año —dijo Doris—. Así mi papá y los empleados podrán aprender más sobre los conocimientos médicos de vanguardia.
Óscar asintió.
—Pan comido.
Finalmente, fue el turno de la señora Torres.
—Sandra, si es posible, espero que la patente de tu próximo medicamento innovador se la vendas a la Farmacéutica Palma cuando mi papá tome el control —dijo Doris.
La señora Torres asintió.
—Claro, pero no te aseguro que logre desarrollar un medicamento innovador pronto. Podrían pasar tres, cinco o incluso diez años.
—No te preocupes —respondió Doris.
Con la ayuda de Sergio, Óscar y Sandra, estaba segura de que, bajo la dirección de su apuesto papá, la Farmacéutica Palma lograría grandes avances.
¡Sería imposible que Julián recuperara el control de la compañía!
***
A las siete de la noche, la ceremonia de compromiso comenzó oficialmente.
Enrique, acompañado por Rubén y Álvaro, subió lentamente al escenario, exquisitamente decorado, para dar el discurso de apertura.
—Buenas noches a todos los presentes. Esta noche es la fiesta de compromiso de mi nieto Higinio y la señorita Doris Palma. Agradezco de corazón su presencia y sus buenos deseos.
El discurso de Enrique fue breve. A continuación, Rubén tomó la palabra.


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