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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 289

Higinio no mostró el más mínimo enojo; simplemente sonrió con indiferencia.

—Con Dori tratándome, ten por seguro que las sillas de ruedas que pensabas regalarme no las voy a necesitar. Pero puedes quedártelas. Con tu inteligencia y esa manía tuya de meterte en problemas, es muy probable que un día de estos termines con las piernas rotas. Te vendrán bien.

Noé frunció el ceño, molesto.

—Higinio, yo me preocupo por ti y tú me sales con que me van a romper las piernas.

—¿Por qué lo tomas como una maldición? Higi solo te está dando un buen consejo. Más te vale que empieces a cuidar lo que dices y cómo te comportas, o terminarás como Gabriela y Álvaro —intervino Doris, cargada de sarcasmo—. Además, Higi no necesita la preocupación de ustedes. Preocúpense más por ustedes mismos. Después de todo, siendo de los Villar, ni siquiera tienen derecho a vivir en la mansión familiar. Ahora, con lo tarde que es, tienen que volver a casa. Si por descuido tienen un accidente en el camino, toda la familia podría acabar reunida, pero en el más allá.

Noé se puso rojo de ira, con las venas de la frente marcadas.

—¡Qué boca tan venenosa tienes! ¡Cómo te atreves a desearle la muerte a toda mi familia! ¡Eres como una víbora! —gritó.

Doris se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa despectiva.

—No solo tengo la boca venenosa, mi corazón es aún más cruel. ¿Qué? ¿Quieres comprobarlo?

Provocado por las palabras de Doris, Noé se irguió, desafiante.

—¡Qué risa! ¿Por qué tendría miedo? ¡Hoy mismo voy a ver de qué eres capaz!

Dio un paso adelante, como si fuera a darle una lección.

En ese instante, Víctor, que ya no podía soportarlo más, frunció el ceño y los detuvo con severidad:

—¡Ya basta! ¡Dejen de pelear como niños!

—No hay problema —dijo Doris con una sonrisa despreocupada—. Deje que su hijito se luzca todo lo que quiera. A mí no me molesta. Con el poco talento que tiene, por más que lo intente, nunca será rival para mí.

Terminó lanzándole una mirada provocadora a Noé.

Al oírla, Higinio, a su lado, no pudo evitar reírse.

Noé apretó los dientes y la fulminó con la mirada.

—¡Mocosa insolente! No es que te tenga miedo, ¡es que un caballero no pelea con mujeres!

—Niña, no creas que por tener el respaldo de la familia Figueroa puedes andar por ahí sin respetar a nadie —le advirtió Víctor a Doris. Luego, miró a Higinio y se fue con sus dos hijos.

Capítulo 289 1

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