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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 299

Fátima, que estaba observando desde lejos, vio que Doris y Tatiana no lograban entrar a la residencia Carrasco y supuso que les habían cerrado la puerta en la cara.

Y para colmo, ¡la muy ridícula había contratado a una banda para obligar a Andrea a salir!

«¡Qué ilusa!».

Y ella, perdiendo el tiempo allí, preocupada por nada.

Con ese pensamiento, le ordenó al chófer que diera la vuelta y se marchara. Dejó que la familia Carrasco se encargara de esa mocosa. ¡Ella tenía asuntos más importantes que atender!

***

Después de un rato de gritos y música, el mayordomo de los Carrasco finalmente volvió a salir.

—¡Señorita Palma! ¿Qué está haciendo? —gritó, tapándose los oídos.

—¿No es obvio? —respondió Doris con el megáfono—. Busco a mi tía. Como no me abren ni la dejan salir, pues…

El mayordomo, exasperado, le gritó:

—¡Está bien! ¡Dígale a esa gente que pare y la llevaré a ver a la señora!

—¡Perfecto! —Doris se dio la vuelta y gritó—: ¡Alto!

El estruendo de los tambores cesó de inmediato, y el silencio volvió.

El mayordomo respiró aliviado y abrió la puerta.

—Pase, señorita Palma.

—Muy bien, ya pueden ir a cobrar —les dijo Doris a los músicos.

La banda se dispersó.

En el sofá estaban sentadas tres personas: una anciana de pelo cano, que debía ser Oriana; Andrea, y su esposo, Benicio Carrasco.

—¡Doris, qué fastidio eres! —exclamó Benicio con impaciencia. Todavía estaba en pijama, recién despertado—. Estaba durmiendo la siesta y me despertaron esos malditos tambores. ¡Fuiste tú, verdad!

Estaba furioso.

Anoche, después de la fiesta de compromiso, no había aguantado las quejas de Andrea y, en lugar de volver a casa, se había ido a un bar. No regresó hasta las tres de la mañana.

Al llegar, se había quedado dormido en el sofá de la sala. Luego, Andrea bajó y, por culpa de la llamada de su sobrina, lo despertó con más quejas.

Al ver que nadie las invitaba a sentarse, Doris no se dejó intimidar. Se dirigió a un sofá vacío, se sentó y le dio una palmadita al asiento de al lado.

—Mamá, siéntate. Parece que esto va para largo.

***

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