Fátima, que estaba observando desde lejos, vio que Doris y Tatiana no lograban entrar a la residencia Carrasco y supuso que les habían cerrado la puerta en la cara.
Y para colmo, ¡la muy ridícula había contratado a una banda para obligar a Andrea a salir!
«¡Qué ilusa!».
Y ella, perdiendo el tiempo allí, preocupada por nada.
Con ese pensamiento, le ordenó al chófer que diera la vuelta y se marchara. Dejó que la familia Carrasco se encargara de esa mocosa. ¡Ella tenía asuntos más importantes que atender!
***
Después de un rato de gritos y música, el mayordomo de los Carrasco finalmente volvió a salir.
—¡Señorita Palma! ¿Qué está haciendo? —gritó, tapándose los oídos.
—¿No es obvio? —respondió Doris con el megáfono—. Busco a mi tía. Como no me abren ni la dejan salir, pues…
El mayordomo, exasperado, le gritó:
—¡Está bien! ¡Dígale a esa gente que pare y la llevaré a ver a la señora!
—¡Perfecto! —Doris se dio la vuelta y gritó—: ¡Alto!
El estruendo de los tambores cesó de inmediato, y el silencio volvió.
El mayordomo respiró aliviado y abrió la puerta.
—Pase, señorita Palma.
—Muy bien, ya pueden ir a cobrar —les dijo Doris a los músicos.
La banda se dispersó.


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