En otro tiempo, Tatiana nunca se habría atrevido a sentarse sin que la invitaran. Pero después de pasar tanto tiempo con Doris, ya no estaba dispuesta a aguantar ese tipo de desplantes.
Así que se sentó junto a ella.
Oriana frunció el ceño, mirando a Tatiana con extrañeza.
La recién llegada de la familia Palma era una cosa, pero ¿Tatiana también se había vuelto tan impertinente?
Una vez sentada, Doris respondió a la pregunta de Benicio:
—Sí, yo contraté a la banda. Pero no es mi culpa, sino de mi tía, que me dejó esperando en la puerta media hora. No me quedó de otra.
—Vaya, qué excusa —dijo Oriana con sarcasmo—. Apenas media hora y ya armas un escándalo en mi casa. Si hubiera sido más tiempo, ¿pensabas salir en las noticias?
—¡Qué inteligente es usted, señora Oriana! —exclamó Doris, levantando el pulgar—. Adivinó. Justo eso pensaba hacer. Si no me dejaban ver a mi tía, iba a llamar a los periodistas.
Oriana se quedó sin palabras.
Andrea miró la cara de la anciana y reprimió una sonrisa.
Había aguantado muchas humillaciones de su suegra en esa casa. Era raro ver a alguien ponerla en su lugar.
Oriana, recuperando la compostura, dijo:
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