Al ver que su esposo Benicio por fin iba a poner a Doris en su lugar, Andrea sonrió con aire de suficiencia.
—Doris, ¡a ver si sigues de arrogante ahora!
Doris la miró de reojo y fingió compasión.
—Tía, si yo fuera tú, no estaría tan contenta.
Andrea se quedó perpleja, sin entender.
—Anoche, en mi fiesta de compromiso, el señor Carrasco se enteró de que te obligué a arrodillarte y pedir perdón, y no movió un dedo por ti —continuó Doris—. Hoy, cuando vinimos, tampoco te defendió. Pero ahora que yo le dije un par de verdades a su mamá, se enfurece y quiere atacarnos. ¿No te sientes un poco patética? Para él, como esposa, no vales nada. No sé de qué te alegras.
Andrea se quedó sin palabras.
¡Claro que lo sabía! Pero ya se había quejado y no podía hacer nada.
Solo le quedaba engañarse a sí misma.
—¡No me importa, tengo todo el dinero que quiero!
—Si de verdad tuvieras todo el dinero que quisieras con los Carrasco, no te habrías metido en mi camino solo para hacerme una apuesta. No fue solo porque te caigo mal y querías humillarme, también querías una parte de la herencia de los Palma, ¿o no? —la desenmascaró Doris.
Andrea se quedó sin palabras y se limitó a fulminarla con la mirada.
Unos instantes después, cuatro guardaespaldas altos y corpulentos entraron a toda prisa.
—¡Agarren a estas dos! ¡Que se arrodillen y le pidan perdón a mi madre! —ordenó Benicio al instante.
Podía tolerar que se metieran con su esposa Andrea, ¡pero con su madre, jamás!
Tatiana, nerviosa, le tomó la mano a Doris.
Doris negó con la cabeza para tranquilizar a su nueva y guapa mamá. Antes de que los cuatro guardaespaldas se acercaran, se soltó y sacó cuatro agujas de plata de su manga, lanzándolas con una velocidad increíble.
Los guardaespaldas solo sintieron un pinchazo en el cuello y, sin entender qué pasaba, se desplomaron, convulsionando y echando espuma por la boca.
—Uy, señor Carrasco, ahí sí que se equivoca. Sé perfectamente cómo empezó la fortuna de su familia.
Después de todo, Doris sabía que al volver con los Palma tendría que lidiar con las grandes familias de Solara. ¿Cómo no iba a pedirle a Sombra que investigara los trapos sucios de cada una?
Sobre todo los de las familias más poderosas de Solara.
—Los Villar tienen un historial limpio. Puros negocios legítimos. Se han basado en la visión aguda y a largo plazo de cada uno de sus líderes. Supieron anticiparse a los grandes cambios del mercado, aprovecharon las oportunidades y así, paso a paso, construyeron el imperio que son hoy.
—Los Figueroa vienen del mundo de la investigación médica y tienen el respaldo del gobierno. Su crecimiento ha sido estable y sus cimientos son sólidos.
—Los Benítez tuvieron la suerte de subirse a la ola del internet y se llevaron la mayor tajada, pero en los últimos años no supieron adaptarse al mercado masivo y otras empresas les han comido terreno. Últimamente se les nota el cansancio y van para abajo.
—Y ustedes, los Carrasco… —al llegar a este punto, Doris miró a Oriana con una expresión muy reveladora.
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