Entrar Via

Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 314

Desde el área tras bambalinas, Francisco, que seguía la subasta a través de un monitor, respondió de inmediato:

—¡Por supuesto, señorita Palma!

Ricardo, que había ido a buscarlo, vio la deferencia con la que Francisco trataba a Doris y no pudo evitar preguntar, desconcertado:

—Francisco, ¿tú y Doris se conocen bien?

—Bastante bien —respondió Francisco con una sonrisa cortés—. La señorita Palma es mi gallina de los huevos de oro.

—¿La gallina de los huevos de oro? ¿A qué te refieres? —preguntó Ricardo, cada vez más confundido.

Carolina, que no quería oír hablar de Doris, lo apuró:

—Hermano, mejor pregunta por el médico experto en venenos. Tu condición no puede esperar.

Y, por supuesto, lo más importante para ella era recuperar su rostro.

Ricardo reprimió su curiosidad sobre la descripción que Francisco había hecho de Doris y preguntó:

—Francisco, ¿no me dijiste que el médico experto en venenos vendría hoy a la subasta? ¿Ya llegó?

Francisco miró el monitor y sonrió con picardía.

—Claro que llegó. La experta en venenos es tu hermana, Doris.

***

Mientras tanto, en la sala de subastas.

Rosalinda se partía de risa.

—¡Ja, ja, ja… prima, eres increíblemente mordaz!

En los otros salones privados también se escucharon risas disimuladas.

¡Noé casi se ahoga de la rabia!

La mujer a su lado tampoco pudo evitar reírse.

—¡¿De qué carajos te ríes?! ¡¿Crees que te vas a escapar de mí?! —le espetó Noé, furioso, amenazándola.

Todos voltearon a ver hacia el salón de Noé.

—¿Qué pasa?

—Seguro es otro de los juegos raros de Noé y su novia. Mejor no nos metamos.

Noé reaccionó y le dio una bofetada a la mujer, apagando rápidamente el altavoz.

—¡Penélope, te estás pasando de lista! ¡¿Crees que alguien aquí se atrevería a meterse para salvarte?!

Penélope cayó al suelo por la bofetada, pero ignorando el dolor, levantó la vista hacia donde estaba Doris, esperando ver su reacción.

Pero allí, todo seguía en calma, sin ningún movimiento.

A Noé se le habían quitado las ganas de seguir en la subasta. Se levantó, ordenó a sus guardaespaldas que se llevaran a la mujer y salió furioso del salón.

—¡No puede ser! ¡Noé estaba forzando a esa chica, no estaba con él por voluntad propia! —exclamó Rosalinda, atónita—. ¡Ese desgraciado es un animal!

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida