Doris colgó y le devolvió el celular a Ricardo con una sonrisa enigmática.
—Ricardo, ya que esa es tu elección, espero que no te arrepientas.
Justo cuando Ricardo iba a decir que no se arrepentiría, Doris le preguntó de repente:
—¿Cómo está Patricio?
Ricardo se sorprendió de que Doris preguntara por Patricio. Tras un instante de asombro, respondió rápidamente:
—Sigue sin despertar.
Al mencionar esto, preguntó confundido:
—¿Qué le hiciste exactamente el día que te metiste a escondidas en su habitación?
Esta vez, Doris no lo ocultó.
—Nada, solo lo mantuve consciente.
Ricardo se quedó helado.
—¿Consciente?
Estaba aún más confundido.
—¿Quieres decir que ya lo despertaste? Entonces, ¿por qué sigue en coma?
—Porque solo hice que su mente estuviera despierta, pero su cuerpo sigue sin poder moverse —explicó Doris.
—¿Y cuál es tu objetivo con todo esto? —Ricardo no creía que lo hubiera hecho sin motivo.
Doris le respondió con misterio:
—¿Quieres saber mi objetivo? Cuando le quite la aguja de la cabeza y lo despierte, pregúntaselo a él mismo.
***
Después de colgar, Carolina se miró en el espejo del tocador. Su rostro estaba rojo e hinchado, pero sus ojos brillaban de emoción.
¡Podía curarse! ¡Su belleza podía recuperarse!
En ese momento, el teléfono del tocador sonó.
Ricardo la vio con gafas de sol y cubrebocas, lista para salir.
—¿A dónde vas?
—Ayer mamá fue a casa de sus padres a buscar a alguien que pueda hacerle una limpia al abuelo, ¿recuerdas? Me llamó hace un rato para decirme que hoy tampoco volverá y que vaya al hospital a hacerle compañía a Patricio. —Carolina no mencionó que iba a ver a Doris por el antídoto; no quería parecer egoísta y preocupada solo por sí misma.
—Ya veo. —Ricardo recordó las palabras de Doris y asintió con una expresión complicada—. Entonces, mientras mamá no esté, te encargo que cuides de Patricio.
Carolina asintió dócilmente.
—Bueno, entonces ya me voy al hospital…
Estaba a punto de salir cuando Ricardo le dijo desde atrás:
—Carolina, de paso, ve a que Doris te dé el antídoto.
Al oírlo, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Carolina.
Ricardo estaba tan bajo su control que cada uno de sus movimientos era exactamente como ella lo había previsto.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida