—¿Lo has pensado bien? —le advirtió Julián con expresión severa—. Si firmas ese acuerdo de ruptura, tu madre y yo realmente dejaremos de ocuparnos de ti.
Doris lo miró.
—No bromee, señor. Como si se hubieran ocupado de mí en los últimos veinte años.
—No tienes que preocuparte por eso, Julián —intervino Felipe con firmeza—. Tatiana y yo cuidaremos bien de Doris.
Viendo que Doris ya había tomado una decisión, Mauro no insistió más.
—Doris, mañana mismo le pediré al mayordomo que redacte el acuerdo de ruptura y te lo traiga.
Dicho esto, Mauro, apoyado por el mayordomo, abandonó la villa.
—De acuerdo, gracias, abuelo. Vaya con cuidado —dijo Doris con una sonrisa. Al darse la vuelta, se encontró con cuatro pares de ojos llenos de resentimiento—. Tíos, el abuelo ya se fue, ¿qué hacen todavía aquí? ¿Acaso no los han regañado lo suficiente?
Fátima señaló a Doris con furia.
—¡Doris, teníamos razón en no reconocerte! ¡No haces más que traicionarnos!
—Mamá, no pierdas el tiempo con ella, vámonos —dijo Patricio. No había conseguido nada y, para colmo, el abuelo lo había reprendido. Se sentía completamente humillado y lleno de rabia—. Doris, espero que no te arrepientas y vengas a suplicarnos perdón.
Dicho esto, soltó un bufido y se fue, llevándose a Carolina de la mano.
Julián había intentado usar el hecho de que su hijo había sido golpeado para que Doris perdiera el favor del abuelo y fuera más fácil de manipular en el futuro.
¡Quién iba a pensar que su propia hija sería tan calculadora!
—¡Realmente te subestimé! —dijo Julián antes de irse bruscamente.
Fátima también se levantó.
—Tu hermano tiene razón. ¡Ya te arrepentirás! —Y salió tras ellos.
***
Al salir de la villa este, Carolina comenzó a pensar en cómo explicarles a sus padres adoptivos y a Patricio lo de la grabación.
Para su sorpresa, Patricio la consoló directamente:



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