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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 34

—Caro, eres demasiado excepcional, mereces algo mejor —dijo Julián, oponiéndose también.

Ya había perdido a su hija biológica. Si ahora su hija adoptiva no le aportaba el máximo valor posible, ¡saldría perdiendo por todos lados!

—¡El asunto del matrimonio sustituto, tu madre se encargará de resolverlo! ¡De ninguna manera permitiré que te cases con el señor Villar! —le aseguró Fátima.

Al oír esto, Carolina respiró aliviada.

Por ahora, había logrado salir del apuro.

Nunca imaginó que Doris le jugaría una mala pasada. Definitivamente había subestimado a esa salvaje. ¡De ahora en adelante, tendría que ser mucho más cuidadosa con ella!

***

—Doris, tu padre y yo te queremos de verdad. Te aceptamos como nuestra hija porque te apreciamos, no por la herencia de la familia Palma —dijo Tatiana en cuanto la familia de Julián se fue.

—Lo sé, mamá —respondió Doris con una sonrisa.

—No puedo creer que Carolina sea así. Todavía no me cabe en la cabeza que esas palabras de la grabación sean suyas —dijo Tatiana, negando con la cabeza. Aunque no sentía un gran aprecio por Carolina, tampoco la detestaba.

Simplemente no la conocía bien.

Las veces que se habían cruzado, la muchacha siempre había sido educada y parecía inofensiva.

Felipe, al recordar la mirada resentida de Carolina, no se mostró tan sorprendido.

—Las apariencias engañan. En fin, fue un susto, pero ya pasó. Lo importante es que todo está bien. Sin embargo, después del altercado de hoy, es probable que Julián y Fátima nos guarden rencor. Tendremos que andar con cuidado.

Tatiana asintió.

—Sí, lo entiendo.

Doris, desde que había regresado, ya sospechaba que Carolina no se quedaría tranquila, así que, ¿cómo no iba a estar preparada?

Por eso, en cuanto vio que Carolina la provocaba, activó la grabadora de inmediato.

Solo se podía decir que Carolina no había sido lo suficientemente cautelosa.

Pero después de esto, seguramente sería mucho más cuidadosa con sus palabras y acciones.

¡Así la cosa se ponía más interesante!

—Hay diez millones en la tarjeta. Es un gesto de tu padre y mío. Has sufrido mucho ahí fuera, así que considera estos diez millones como una compensación por los últimos veinte años —explicó Fátima, intentando ponerle la tarjeta en la mano.

Diez millones. Para una chica que no había visto mundo, seguro que no podría resistir la tentación.

Doris tomó la tarjeta y la sostuvo frente a sus ojos.

—Vaya, diez millones.

Casi lo mismo que el precio de una de las hierbas medicinales raras que cultivaba.

Lástima que ella podía cultivar muchas de esas hierbas.

Diez millones no cubrían ni el uno por ciento de sus gastos de investigación.

Al ver su reacción, Fátima sintió que tenía una oportunidad y, aprovechando el momento, forzó un par de lágrimas.

—Doris, sé que en el fondo todavía quieres reconciliarte con nosotros. Después de todo, somos madre e hija, unidas por la sangre.

***

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