¿Cómo no se le había ocurrido una razón tan interesante?
***
En una habitación del hospital de la ciudad.
Después de que le colgaran, Rubén miró a su hija Gabriela, acostada en la cama, y finalmente tomó una decisión. Con frialdad, marcó el número de Silvia.
En la fiesta de compromiso de su hijo con esa mocosa de Doris, después de que se llevaran a Álvaro, Silvia le había dicho en privado que, si necesitaba algo, no dudara en buscarla.
¡Claro que sabía que Silvia no tenía buenas intenciones!
Pero la culpa era de Higinio por no darle ni un poco de respeto, no solo limitando sus gastos, sino también queriendo secuestrar a Álvaro para investigar si era realmente su hermano.
¡Higinio lo había orillado a esto!
Marcó el número y del otro lado contestaron rápidamente.
—¿Bueno, tío?
***
Doris e Higinio bajaron las escaleras. Tatiana, que estaba hablando con su familia, los vio y sonrió.
—Emma acaba de terminar de hacer la comida. Higi, quédate a comer con nosotros antes de volver a la oficina.
Higinio sonrió amablemente.
—Claro, sería una grosería rechazar la invitación.
Lisandro ya se había acercado a la mesa y se había sentado tras jalar una silla.
—El heredero de la familia Villar es diferente, hasta para hablar es muy propio.
Después de sentarse, jaló la silla de al lado.
—Ven, siéntate aquí conmigo.
Apenas terminó de hablar, Ian se sentó de un golpe en esa silla.
Ignorando la mirada furiosa de Lisandro, Ian jaló la silla a su lado.
—Doris, tú y yo tenemos casi la misma edad, no hay tanta brecha generacional. Lo mejor es que te sientes a mi lado.
Doris soltó una risita.
Lisandro: …
—¡Tú eres el que tiene una brecha generacional con Doris! —protestó Lisandro, indignado—. ¡Sacar el tema de la edad es pasarse de la raya!
—Es la pura verdad —dijo Ian—. ¡A ver si así se te quita esa maña de mandonear a los novatos en la oficina como si fueras el más sabio!
Lisandro no pudo más.
—¡A que te doy una paliza como cuando éramos niños!


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