—Higi, ¿no estarás tratando de seducirme a propósito? —continuó Doris, coqueteando.
Higinio se acomodó la bata sobre el pecho y respondió con calma:
—Me descubriste otra vez.
En la pantalla, Doris soltó una carcajada.
—¿Cuándo regresas mañana? —preguntó Higinio, interesado.
—Después de desayunar, como a las ocho, ya estaré de vuelta —dijo Doris—. Iré directamente a tu oficina para darte tu tratamiento.
—De acuerdo —respondió Higinio.
En ese momento, vio a Verdín aparecer detrás de Doris en la cámara.
La cola de Verdín estaba enrollada en un tazón de acero inoxidable, que golpeaba contra la pared, produciendo un sonido metálico.
Doris se giró para mirar.
—Ya, ya, no me presiones. En un rato los llevaré a que cenen su *buffet*.
Luego, se volvió hacia la cámara y explicó, resignada:
—Ya que estamos en el campo, donde hay de todo, Verdín y los demás quieren salir a explorar.
Higinio notó la expresión de suficiencia de Verdín.
Enarcó una ceja.
«¿Una víbora manipuladora?», pensó.
—Bueno, ya no te quito el tiempo. Nos vemos mañana.
Antes de que él pudiera responder, Doris colgó la videollamada a toda prisa.
Higinio se quedó mirando la pantalla del celular y, de mala gana, lo dejó a un lado. De repente, se le ocurrió un pensamiento:
Rosalinda acababa de ayudarlo a deshacerse de Germán. ¿Acaso ahora también tendría que competir por el afecto de Doris con una pequeña serpiente?
***
Rosalinda y sus tres mejores amigas organizaron una reunión esa noche en el Bar Bajo Cero. Invitaron a todos sus conocidos del círculo social y les contaron, con todo lujo de detalles, el chisme que habían presenciado por la mañana en la casa de la familia Palma.
Ante estos comentarios malintencionados, Rosalinda simplemente dijo:
—Yo ya lo dije. Higinio definitivamente será el heredero de la familia Villar, y mi prima definitivamente convertirá a la familia Palma en una de primer nivel. Créanlo o no.
—Pues yo no lo creo. ¿Ustedes?
—Yo tampoco.
—En todos estos años, a nadie que se haya metido con la familia Carrasco le ha ido bien. O terminan en la quiebra o son absorbidos.
—Tal vez ustedes no se atrevan a meterse con la familia Carrasco, ¡pero mi prima es diferente! —replicó Rosalinda de inmediato—. ¡Ahora, el que se mete con mi prima es el que termina mal!
Alguien, disfrutando del drama, preguntó:
—Rosalinda, ¿estás diciendo que a la familia Carrasco le irá mal?
—Si la familia Carrasco no sigue molestando a mi prima, entonces podrán vivir en paz —afirmó Rosalinda.
—Ja, Rosalinda, sí que te atreves a hablar.

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