En el video, la expresión de Damián era una mezcla de éxtasis y trance; parecía sufrir y gozar al mismo tiempo, mientras de su boca escapaban gemidos bajos y sensuales.
No era solo su cara; ¡incluso su cuerpo y su voz eran idénticos a los suyos!
Damián no podía creerlo.
¿Por qué era él quien estaba con su tío? ¿Por qué no era Doris?
¿Acaso Xavier se había atrevido a desobedecer sus órdenes?
No, no tenía las agallas para hacerlo.
Al escuchar los sonidos subidos de tono del video, Herminio y los demás lacayos tragaron saliva sin poder evitarlo.
Damián se puso de pie de un salto, con el rostro desencajado. Su voz, gélida, se convirtió en una amenaza: —¡Apaguen ese video ahora mismo! ¡Que nadie se atreva a seguir mirando!
Temblando, los secuaces bloquearon rápidamente las pantallas y guardaron sus celulares en los bolsillos, sin atreverse a respirar.
Aunque, en el fondo, morían por seguir viendo.
Ariana, que apenas podía contener la risa, entendió todo al instante.
Era obvio que alguien había manipulado el video. ¿Y quién podría ser?
¡Doris, por supuesto!
En ese momento, Ariana tuvo la certeza de que Doris era perfectamente capaz de enfrentarse a Damián. Antes, en Solara, el único que había podido hacerle sombra a Damián era el señor Villar, ¡pero ahora había que añadir a la lista a la subestimada Doris!
—¡Lárguense todos de aquí! —rugió Damián—. ¡Y que a nadie se le ocurra ver este video a mis espaldas, o se las verá conmigo!
El grito de Damián retumbó como un trueno, y el pánico se apoderó de Herminio y sus amigos. Sus rostros palidecieron y comenzaron a temblar.

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