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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 461

La tensión que emanaba de Damián era asfixiante. La atmósfera a su alrededor se volvió tan gélida que Xavier y Nicolás sintieron un escalofrío y no se atrevieron siquiera a mirarlo a la cara.

Si las miradas mataran, ya habría un cementerio en el lugar.

—Señor Carrasco, cálmese. Ya habrá tiempo de llevar a Entretenimento Estrela a la quiebra. Entonces esa mocosa no tendrá de otra más que llorar, y usted podrá humillarla como se le antoje.

—Recuérdenlo bien —dijo Damián con frialdad—. A partir de hoy, asegúrense de que Entretenimento Estrela no consiga ni un solo contrato. En tres meses, quiero que esa empresa esté en la ruina.

Una vez que destruyera Entretenimento Estrela, el siguiente paso sería el núcleo de los negocios de la familia Palma: la Compañía Farmacéutica Palma.

¡Iba a hacer que toda la familia Palma cayera en desgracia y desapareciera de Solara para siempre!

Jael, al ver a Doris, intentó ponerse de pie para saludarla.

Pero cuando la vio hacer el gesto de cortarse el cuello, se quedó de piedra.

Al darse cuenta de que Doris estaba provocando a Damián, se paralizó por completo y su voz se tornó robótica, carente de emoción.

—Estamos perdidos. Nuestra nueva presidenta es demasiado protagónica.

A su lado, Penélope preguntó con curiosidad:

—¿Qué pasa, Jael?

Jael suspiró.

—¿No viste lo que acaba de hacer la señorita Palma? Acaba de provocar al señor Carrasco en público. Como si no quisiera que la empresa se fuera a pique lo suficientemente rápido.

Penélope recordó que fue precisamente esa audacia de Doris la que la había salvado.

—Pero… si la señorita Palma ya se había ganado la enemistad de Damián desde antes, de nada serviría quedarse callada ahora.

—En eso tienes razón, pero tampoco había necesidad de echarle más leña al fuego —replicó Jael, resignada—. A menos que de verdad sea Dovina, como ella misma dice, no veo cómo vamos a conseguir los derechos de *Horizontes de Gloria* en esta reunión.

—¿Qué acabas de decir, Jael? —exclamó Penélope, sorprendida—. ¿La señorita Palma dijo que es Dovina?

Jael asintió.

—Sí. ¿Tú le crees? Porque yo…

Antes de que pudiera terminar la frase «no le creo», escuchó a Penélope asentir con un entusiasmo desbordante.

—¡Yo sí le creo!

Jael se quedó sin palabras.

—Así que era eso —murmuró Penélope, emocionada—. Con razón la señorita Palma estaba tan segura de conseguir los derechos de *Horizontes de Gloria*. Quién lo diría, la escritora que tanto admiro es la misma persona que me salvó la vida y a la que tanto respeto…

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