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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 462

Sabina, que estaba probando un postre, se giró hacia su amiga.

—¿Tú crees que este tonto tiene la actitud de alguien que está pidiendo un favor? —preguntó.

Su amiga negó con la cabeza.

—Parece que está dando una orden.

Sabina se encogió de hombros.

—Entonces no.

—¡Sabina! —gruñó Germán entre dientes.

—A mí no me grites —dijo Sabina, dejando la cuchara y limpiándose la boca con una servilleta—. ¿Quién fue el que me rogó que lo trajera? Si sigues con tus numeritos, le llamo a papá ahora mismo.

Germán se quedó callado.

Mientras Rosalinda lo entretenía, Doris ya había subido.

Germán intentó pasar, pero Rosalinda se plantó en medio del pasillo con los brazos extendidos, bloqueándole el camino. Desesperado, le gritó:

—¡Doris!

Doris le dedicó una mirada fugaz y, sin prestarle más atención, entró al salón La Cima.

Al sentarse, tomó la taza de té que Higinio le ofrecía y se la bebió de un solo trago.

—¿Qué pasa? Parecía que querías matar a Damián con la mirada —comentó Higinio, y al ver que había vaciado la taza, volvió a llenársela.

Doris tamborileó los dedos sobre la porcelana.

—La verdad es que sí, me encantaría encargarme de escorias como Damián.

Aunque Sombra había encontrado algunos trapos sucios de la familia Carrasco, la mayoría de esos negocios ya habían sido liquidados, por lo que no constituían pruebas contundentes. Publicarlos afectaría a los Carrasco, pero no sería un golpe mortal. Las pocas pruebas que sí podían hacerles daño ya las había filtrado Higinio para meter al señor Carrasco a la cárcel.

Por lo tanto, para realmente desmantelar a la familia Carrasco y acorralar a Damián, necesitaba pruebas irrefutables.

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