Enrique, como viejo zorro y hombre de mundo, tras observar a Doris durante más de un mes, estaba seguro de que no era una chica común.
Solo con el video *deepfake* de Damián y su tío, Enrique podía deducir que Doris tenía fuerzas ocultas o un respaldo misterioso.
Por eso respetaba tanto a Doris, a pesar de ser una joven.
Para él, dejar la familia Villar en manos de un nieto capaz como Higinio ya era bueno, pero si sumaba a una Doris con un trasfondo complejo como aliada, la familia Villar aseguraría su posición como la más poderosa de Solara por mucho tiempo.
Y tal vez, con la unión de su nieto y esta futura nieta política, podrían derribar a la familia Carrasco.
Ignorando la mirada de resentimiento de Silvia, Doris respondió:
—Quisiera saber cómo planea castigar a Silvia e Izan por lo que hicieron contra Higi. O, si no quiere ser duro con sus propios nietos, que dé una compensación real a Higi.
Ricardo conocía esa escena demasiado bien: era como cuando Patricio manipuló los frenos y Doris aprovechó para quedarse con acciones de Entretenimento Estrela.
¿Acaso Doris quería repetir la jugada?
—¿Por ejemplo? —preguntó Enrique.
—Por ejemplo, darle a Higi el 10% de las acciones de la empresa matriz del Grupo Villar —dijo Doris sin rodeos.
—¡Abuelo, no! —protestó Silvia de inmediato.
Doris alzó una ceja.
—Si a Silvia no le gusta esa condición, la cambio. ¿Qué tal si le entregan a Higi el manejo de la industria de metales en África?

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