Al pensar que ganaría la apuesta contra Doris y que ella tendría que lamerle los zapatos, el corazón de Herminio se aceleró. Levantó la cabeza con arrogancia.
—¡Claro que habrá transmisión en vivo!
¡Doris ahora era la prometida del señor Villar!
Que ella le lamiera los zapatos, ¿no equivalía a arrastrar la cara del señor Villar por el suelo?
—Jajaja, ya no podemos esperar a que llegue ese día.
—¡Herminio, tienes que elegir los zapatos perfectos para que los lama!
—Hablando de eso, se me ocurrió una idea —dijo Herminio, haciendo una pausa dramática para mantener el suspenso.
Como era de esperar, despertó la curiosidad de los otros.
—¿Qué idea? ¡Cuenta, cuenta!
—Pues... que todos nosotros dejemos nuestra leche embarrada en la suela de esos zapatos —dijo Herminio, soltando una risa llena de malicia.
Los otros se quedaron boquiabiertos.
—¡No mames! ¡Tenías que ser tú, Herminio!
—¡Jajaja, eres un genio, cabrón!
Damián escuchaba en silencio cómo insultaban a Doris, sin participar en la discusión.
Pero al oír la sugerencia de Herminio, habló por primera vez:
—Buena idea.
Herminio juntó las manos y se acercó a Damián con una sonrisa servil.
—¿El señor Carrasco tiene intenciones de participar? Si usted quiere, puede ser el primero.
—No es necesario, les dejo ese privilegio a ustedes —respondió Damián.
—Muchas gracias, señor Carrasco.
Ariana se había quedado parada afuera un momento. Al escuchar que solo decían obscenidades y nada útil, se dio la vuelta para irse, pero vio que el asistente de Damián la observaba desde no muy lejos.
Sintió un vuelco en el corazón, pero se tranquilizó rápido. Se acercó al asistente y explicó:
—No quería molestar a Dami mientras trabaja, pero tampoco quería irme tan rápido, así que me quedé un ratito aquí afuera.
El asistente la miró y, después de un largo silencio, dijo:
—Señorita Álvarez, mejor no vuelva a hacer esto. Si el señor Carrasco lo malinterpreta, no le irá nada bien.
Ariana suspiró.

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