Doris respondió con un emoji de "OK". Realmente quería ver cómo planeaba su abuelo convencerla.
***
Dos días después.
El vuelo de Mauro estaba programado para aterrizar a las cinco de la tarde. Cuando Doris y sus padres llegaron al aeropuerto en su carro, eran justo las cinco.
Sin embargo, en cuanto entraron a la sala de espera, unas figuras familiares aparecieron ante los ojos de Doris:
Julián y Fátima, junto con sus hijos Ricardo y Patricio, ya habían llegado y esperaban ansiosos no muy lejos.
Al ver a Doris, Fátima abrió la boca para decir algo, pero se calló ante la mirada intimidante de su esposo, Julián.
Los cuatro se acercaron.
Julián fue el primero en saludar a Felipe y Tatiana:
—Hermano mayor, cuñada.
Felipe solo le dirigió una mirada a su hermano y no le respondió.
Jamás olvidaría que este hermano suyo había contratado gente para secuestrar a su amada esposa e incluso planeaba cortarle un dedo para amenazar a su hija.
Tatiana mantuvo la misma actitud que su esposo e ignoró el saludo de Julián.
Doris observó con indiferencia a la familia de cuatro.
El estado de Ricardo era lamentable; tenía el rostro demacrado, pálido como el papel, y una barba descuidada que le daba un aspecto decadente. El costoso abrigo azul marino que llevaba había perdido su elegancia habitual y le quedaba holgado.
A su lado, Patricio vestía una sudadera casual y un chaleco de plumas. Aunque también se veía cansado, su estado mental parecía mucho mejor. Solo esas profundas ojeras revelaban que él también había pasado muchas noches sin dormir.
En cuanto a la pareja, Julián y Fátima, los ojos de él parecían ocultar un rastro de resentimiento que, aunque sutil, no escapó a la aguda mirada de Doris. Fátima, por su parte, no disimulaba su rencor; su cara era un poema de insatisfacción y odio.
Parecía que, tras haber sido engañados por Carolina y terminar en esa situación tan precaria, la actitud de cada uno hacia ella era muy distinta.
—Dori...
Patricio apenas habló cuando Doris lo interrumpió:

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