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Durante el resto de la mañana, Renata se quedó en la cafetería estudiando a fondo los detalles del proyecto.-
Al mediodía pidió algo ligero para almorzar.
No fue sino hasta las tres de la tarde que recogió sus cosas para volver a casa.
En el camino, llamó a una amiga abogada para pedirle que le preparara un acuerdo de separación de bienes.
"Sin problema. Según lo que me describes, todo ese dinero y propiedades son exactamente lo que te corresponde por derecho. Te prepararé los papeles y te los mando al rato."
Renata sonrió levemente mientras subía los escalones de la entrada de la casa. "Perfecto, muchas gracias por tu ayuda."
"De nada, si me doy prisa, te los mando hoy mismo en la noche."
Eso era perfecto. Enrique estaría en casa y ella podría hacer que firmara de una vez.
"Te lo agradezco."
Colgó la llamada.
Renata bajó la vista para responder un mensaje de trabajo al asistente de César Zaldívar, ajustando los últimos detalles de la reunión del día siguiente.
En ese momento, ¡se escuchó un golpe sordo dentro de la casa!
Renata dio un salto del susto, sin saber qué nuevo berrinche estaba armando Ximena Zapata.
Hace unos días, la chica había causado un problema y, supuestamente para evitar que Doña Elvira la castigara, Enrique la había instalado allí, usando la excusa de que necesitaba que Renata "la cuidara".
¿Y cuál era la ironía de todo esto?
Ella, como una tonta, de verdad la había cuidado. Ahora, viéndolo en retrospectiva, ¡le daba asco!
Con el rostro serio, Renata metió el celular en el bolso, subió los últimos escalones a toda prisa y abrió la puerta.
Al entrar, vio que el cuadro al óleo en el que había estado trabajando durante un mes y medio estaba tirado en el suelo, ¡hecho pedazos!
Y la gran culpable, Ximena, sonreía con malicia mientras retrocedía hacia una esquina, fingiendo inocencia.
"¡Ay! ¡¿Por qué se cayó este cuadro de repente?!"
Renata apretó los dientes. Miró su obra destrozada y luego observó la expresión burlona de Ximena. Sus ojos se llenaron de furia y frustración.
"¡Ximena!"
Gritó y caminó rápidamente hacia ella.
Sin embargo, no vio que había un charco de agua en el suelo.
Su pie resbaló y cayó de manera dolorosa y humillante contra el piso.
Sintió un dolor punzante e insoportable en el tobillo y en el codo.
"Ay, Renata, ¿por qué eres tan torpe?"
Ximena fingió preocupación, acercándose con sus grandes ojos de cachorrito. "Ven, te ayudo a levantarte."
Unos cuantos billetes.
Era una humillación total.
Hasta Inés, que era solo una empleada, sintió indignación, pero no se atrevió a decir nada porque sabía muy bien cuánto mimaba Enrique a esa chica.
Renata miró con frialdad el dinero en el suelo. Sabía perfectamente que la arrogancia de Ximena provenía del favoritismo incondicional de Enrique.
Sin embargo, tomó los billetes.
Ximena soltó una carcajada burlona.
Sin prestarle atención, Renata le entregó el dinero a Inés y ordenó: "Ese cuadro era mi regalo para el cumpleaños de Doña Elvira. A ella le encantaba. Ahora que está arruinado, llámala por teléfono y dile exactamente esto: Ximena Zapata lo rompió y quiso compensarla con esta miseria."
Ximena se quedó paralizada. La sonrisa arrogante se congeló en su rostro hasta desvanecerse por completo.
"¡¿Qué acabas de decir?!"
Renata la ignoró y le hizo una señal a Inés para que fuera a hacer la llamada.
"¡Te prohíbo que la llames!", gritó Ximena, aterrorizada.
Pero Inés se alejó sin mirar atrás.
Poco tiempo después.
El personal de la residencia principal de los Yáñez llegó a la casa.

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