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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 7

Sin embargo, al escuchar la voz llena de dolor de la joven, Enrique terminó por ceder.

Suspiró suavemente, sacó un pañuelo de papel de la caja en la mesa de centro y se inclinó para secarle las lágrimas.

Con voz calmada, intentó justificarse: "Perdóname, hablé demasiado fuerte."

"Pero Ximena, no lo dije por defender a Renata ni porque tú no me importes."

"Tú sabes perfectamente lo que siento por ti."

Ximena se mordió el labio. Al ver que el hombre intentaba complacerla, dejó de hacerse la difícil.

"Lo siento, mi amor. Yo también me equivoqué, me alteré demasiado. No debí dudar de ti..."

Enrique asintió. Bajó la vista, tomó la pomada y comenzó a aplicarla en sus manos. "Bien. Mañana tienes que disculparte con Renata."

Ximena frunció el ceño, pero sacó un "mmm" desganado de su garganta.

Luego, recordando algo importante, agregó: "Amor, en tres días habrá una Exposición de Diseño en la Galería de Arte Contemporáneo de la ciudad. Irán los mejores diseñadores del país y yo quiero asistir, pero es casi imposible conseguir entradas. ¿Podrías conseguirme una?"

Enrique no dudó ni un segundo. "Claro. Mañana llamaré a los organizadores."

Al oír esto, el mal humor de Ximena por fin empezó a disiparse.

Pero eso no era suficiente.

"Aparte de eso, hay otra cosa en la que quiero que me ayudes."

"Como sabes, estudié diseño y últimamente me aburro mucho estando encerrada en casa. Quisiera encontrar un proyecto para ir ganando experiencia."

"Escuché que el departamento de proyectos de tu empresa está preparando una colección de joyas para San Valentín. Me gustaría intentarlo."

Enrique se tensó un poco.

Recordaba muy bien que ese proyecto estaba a cargo de Renata. Si hacía eso...

Ximena lo tomó del brazo y lo sacudió con un tono mimado: "Ándale, mi amor..."

Enrique la miró, y la poca duda que le quedaba se esfumó por completo.

"Está bien."

"¡Sabía que eres el mejor del mundo!"

Mientras tanto, Renata seguía en la planta alta dibujando, con el corazón encogido, ajena a todo lo que sucedía abajo.

Hasta la mañana siguiente, cuando llegó a la empresa.

Apenas cruzó la puerta de su oficina.

Su asistente, Queta Noriega, entró corriendo como si viera al diablo.

"¡Jefa, tenemos un problema enorme!"

Renata estaba respondiéndole mensajes al asistente de César Zaldívar para confirmar su reunión del mediodía.

Al escucharla, guardó el celular y levantó la vista.

Le acomodó a Queta la placa de identificación que se le había torcido por correr.

Capítulo 7 1

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