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Mi Marido Prestado romance Capítulo 503

—No, no me importa.

A Eleonor le costó un momento asimilar el cambio de roles.

Su paciente de repente se había convertido en la abuela de Iker.

Susana soltó un suspiro de alivio y fulminó a Iker con la mirada.

—¿Piensas seguir sujetándole la mano a Ellie toda la noche? ¡Déjala comer en paz!

—De acuerdo, de acuerdo.

Iker sonrió y finalmente soltó la mano de Eleonor.

—Vamos, come. La abuela cocina de maravilla, te va a gustar.

—…

De repente, Eleonor recordó algo.

Con razón algunas de las comidas que había probado en casa de Iker le recordaban tanto al sabor de la cocina de Susana.

Resultaba que era porque la propia Susana las había preparado.

¡Incluidas las empanadas de esa mañana!

Y él le había dicho que las había hecho él mismo.

Iker sintió la mirada resentida de ella y no pudo evitar sonreír.

—¿En qué te gustaría insultarme?

—…

Con su abuela sentada justo enfrente, ¿cómo iba a atreverse a insultarlo?

Para su sorpresa, Susana no solo no lo defendió, sino que echó más leña al fuego.

—Ellie, lo que quieras decirle, díselo sin miedo. Para mí, la nieta política siempre va a tener prioridad sobre el nieto.

La abuela lo dijo de una forma tan directa que Eleonor bajó la cabeza, un poco avergonzada.

Iker se rio abiertamente.

—Ya la oíste. Venga, dime, ¿qué querías decirme?

—No quería insultarte.

Con el respaldo de la abuela, Eleonor se sintió con más confianza. Lo miró de reojo y le preguntó sin rodeos:

—¿Tú ya sabías que yo conocía a la señora Castillo, verdad?

Iker asintió, sin negarlo.

—Sí.

«Zorro viejo», pensó Eleonor.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde antes de mi viaje de negocios a Oricalco.

Iker, con una política de total honestidad, lo confesó todo.

—La noche antes de irme, me preparaste para cenar las empanadas que te había dado la abuela, ¿recuerdas?

Eleonor lo recordaba vagamente.

No solo le había preparado las empanadas, sino que también le había contado algunas cosas sobre Susana.

Más tarde, a medida que ambos crecieron, ciertos sentimientos surgieron sin control, volviéndose incontenibles.

Y entonces lo tuvo aún más claro.

No era que ella necesitara su cuidado; era él quien la necesitaba a ella.

La necesitaba en todos los sentidos.

La anciana lo observó durante un buen rato antes de advertirle con voz pausada:

—Ellie está esperando un hijo.

—¿Y eso qué?

Iker podía admitir sin reparos que, en su fuero interno, deseaba con todas sus fuerzas que ese niño fuera suyo.

Pero incluso si no lo era, no dudaría ni un ápice en su relación.

La preocupación en los ojos de Susana se disipó un poco, pero aun así insistió:

—¿Estás seguro de que eso no se convertirá en una espina clavada en su matrimonio en el futuro?

Hablaba de matrimonio.

Conocía el carácter de su nieto. Tantos años solo y, de repente, la traía ante ella sin ningún reparo. Eso solo podía significar que Eleonor era la mujer que había elegido como esposa.

También sabía que Iker no era de los que se dejaban llevar por el momento, pero como persona con experiencia, sentía la necesidad de advertirle.

El matrimonio de Eleonor ya había fracasado una vez. Si volvía a fallar, temía que la joven no pudiera recuperarse jamás.

***

AVISO PARA LECTORES: Queridos lectores, agradecemos su entusiasmo y apoyo hacia esta novela. Nos comprometemos a continuar con una actualización de capítulos el próximo viernes, 31 de octubre. ¡Gracias por su paciencia y respaldo!

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