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Mi Marido Prestado romance Capítulo 586

Iker conocía su carácter.

Cuando se trataba de ella misma, nunca pensaba las cosas con tanta cautela y, a veces, incluso se dejaba llevar por la impulsividad.

Pero el bebé que llevaba dentro era el familiar que tanto había anhelado.

Eleonor, en efecto, escuchó el consejo.

—Está bien, te lo prometo.

—Mira este número de celular.

Iker le pasó su teléfono, donde se mostraba una serie de dígitos.

Eleonor echó un vistazo y frunció el ceño.

—¿De quién es?

Ella solo recordaba los números de Iker y Florencia Herrera.

—De Virginia.

Iker soltó el nombre sin rodeos.

—El día después de que Eugenio salió de la cárcel, recibió una llamada de ella. Hablaron casi media hora.

Eleonor se quedó pasmada un instante.

Nunca se le había pasado por la cabeza que Virginia tuviera algo que ver.

Virginia no tenía ningún problema con Natalia, y ella misma había estado evitando a Virginia últimamente.

¿Por qué...?

Antes de que ella se alterara, Iker continuó:

—Ya llamé a Benicio. Ya va de camino al Chalet La Brisa Marina.

Virginia estaba en la casa de los Estrada. Si ella había hecho esto, conociendo cómo actuaba la familia Estrada, seguramente la obligarían a entregar el antídoto.

Al mencionar a la familia Estrada, Eleonor se sintió un poco más tranquila.

—Sí, sí, es mejor que la familia Estrada maneje esto.

A pesar de la furia que le hervía en el pecho, Eleonor conservó un poco de cordura.

Virginia la odiaba a muerte, y la única razón para atacar a Natalia era ir contra ella.

Si iba a buscarla ahora, solo enfurecería más a Virginia.

Una persona como Virginia, que en el fondo siempre adulaba al poderoso y pisoteaba al débil, reaccionaría mejor ante la intervención de los Estrada.

Iker, al ver que estaba más calmada de lo que esperaba, suspiró aliviado.

—Ya casi termino mis cosas. ¿Te acompaño al hospital a ver a Natalia?

—Vamos.

Por parte de la familia Estrada, Benicio acababa de salir de su turno de noche cuando recibió la llamada de Iker.

Había pasado la noche en urgencias y tenía la cabeza embotada, pero al escuchar lo que Iker le dijo, se despejó de golpe.

Tenía gente vigilando a Virginia, así que conocía perfectamente su paradero.

Mientras conducía a casa, llamó a Virginia.

Virginia se sorprendió un poco al recibir la llamada. Miró a Amelia, que conducía con cara de pocos amigos, y contestó contenta:

—¿Bueno? Hola, hermano.

En todos estos años, Benicio nunca la había contactado a ella ni una sola vez.

Y Virginia llevaba muy poco tiempo en la familia Estrada...

Si la familia Estrada podía ser tan cálida con una impostora desagradable...

Entonces, si Eleonor regresaba...

Amelia no se atrevió a seguir pensando.

—Sí.

Virginia sabía que Amelia estaba molesta, pero aun así la provocó a propósito:

—Benicio me pidió que fuera a casa. Por como sonaba, parece que me tiene preparado un regalo.

Amelia apretó los dientes y giró el volante bruscamente en dirección al Chalet La Brisa Marina.

Quería ver con sus propios ojos hasta dónde llegaba el doble rasero de la familia Estrada con ella y con «Zoe Estrada».

Cerca del mediodía, Yolanda dormía la siesta en su habitación y toda la planta baja estaba en completo silencio.

En cuanto se bajó del coche, Virginia entró por la puerta principal con paso ligero.

—Benicio, no te hice esperar mucho, ¿verdad?

Benicio estaba sentado en el sofá, con la cabeza gacha, jugando con su celular.

Al oírla, levantó la mirada hacia ella. Sus ojos destilaban una frialdad cortante.

—No mucho. Ven, mira esto.

Dicho esto, Benicio señaló un sobre de papel kraft que estaba sobre la mesa.

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