Después de terminar su turno en la Clínica San Jorge, Eleonor Muñoz se dirigió, como de costumbre, al Chalet La Brisa Marina para el tratamiento de Yolanda Vázquez.
Al finalizar de aplicar las terapias naturales, ayudó a Yolanda a sentarse lentamente en la camilla.
—Señora Estrada, ¿cómo se siente hoy?
—Mucho mejor. Siento que tengo más fuerza en esta pierna que antes.
Yolanda movió un poco su pierna derecha con una sonrisa de alivio que hace tiempo no mostraba.
—Desde que cambiaste el tratamiento la vez pasada, los resultados han sido increíbles.
Eleonor sonrió cálidamente mientras guardaba sus instrumentos.
—Entonces ajustaré un poco más los remedios basándome en su progreso de hoy. Solo tiene que enviar a alguien a la Clínica San Jorge por ellos.
—Perfecto, haré lo que tú me digas.
Yolanda se puso los zapatos y, con la ayuda de Eleonor, se acomodó en su silla de ruedas. Ambas salieron juntas de la habitación.
Abajo en la sala, Simona Estrada revisaba unos documentos. Al escuchar pasos, levantó la vista, dejó su pluma a un lado y se puso de pie al ver a Eleonor empujando la silla de su madre.
—¿Ya terminaron?
—Sí —asintió Eleonor. Le pasó el control de la silla de ruedas a un empleado que se acercó y luego se acomodó en el sofá.
Yolanda le pidió a un empleado que le sirviera un vaso con agua a Eleonor. Miró con ternura el vientre cada vez más abultado de la joven.
—¿Estás muy cansada? Has estado de pie durante toda la terapia. ¿Se te han hinchado las piernas?
—No estoy cansada, me siento excelente.
Eleonor tomó el vaso de agua, dio un sorbo y negó con la cabeza, sonriente.
—Además, la sesión de terapia natural toma poco tiempo. Es mucho más relajado que estar atendiendo pacientes en el consultorio.
—Qué bueno escuchar eso.
Yolanda soltó un suspiro de alivio, pero su tono protector apareció de inmediato.
—Tienes que cuidarte como si fueras de cristal. Si sientes cualquier molestia, dilo de inmediato, no te hagas la valiente. La abuela de Iker me llamó hace unos días preocupada; dice que estás asumiendo demasiadas responsabilidades y que deberías delegar el trabajo de la clínica.
Eleonor dejó escapar una risita resignada.
—Ya le expliqué que ahora solo doy indicaciones, Nil es quien se encarga de todo el trabajo pesado.
—Ella solo se preocupa por ti.

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