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Mi Marido Prestado romance Capítulo 753

Cuando Eleonor llegó al centro comercial, Florencia ya estaba esperándola en la entrada de su cafetería favorita.

Llevaba un abrigo color avena sobre un suéter negro de cuello alto. Su cabello caía suelto sobre sus hombros; hoy le faltaba ese aire de profesionalismo imponente, y en su lugar se veía mucho más relajada.

Sin embargo, a Eleonor no se le escapó el rastro de unas leves ojeras bajo los ojos de su amiga.

—¿Llevas mucho tiempo esperando? —preguntó Eleonor mientras se acercaba y, con toda la confianza del mundo, se enlazaba a su brazo.

—Acabo de llegar.

Florencia le entregó un vaso humeante que tenía en la mano.

—Te pedí un latte. Está calentito.

Eleonor lo tomó y dio un sorbo. El calor de la bebida, con ese toque sutil de café, le bajó por la garganta y la hizo sentir mucho más abrigada.

Inclinó la cabeza y analizó a su amiga con cuidado.

—Muy bien, cuéntamelo todo. ¿Qué pasa?

Florencia evadió la pregunta y tiró de ella para adentrarse en el centro comercial.

—Primero demos una vuelta. Hace siglos que no salimos de compras juntas.

Las dos mujeres pasearon desde el primer hasta el tercer piso. Florencia se probó un par de prendas, pero al final solo compró una bufanda sencilla.

Curiosamente, casi todo lo que terminaron comprando ese día fueron cositas para bebé.

—¿A que este vestidito es hermoso?

Eleonor levantó un enterito amarillo pastel y se lo mostró a Florencia con ilusión.

A Florencia se le iluminaron los ojos.

—¡Es precioso!

Eleonor lo miró un segundo más, pero luego lo devolvió a la percha para agarrar otro de color rosa.

—Me parece que este es todavía más lindo —dijo sin perder el entusiasmo.

Al ver la alegría desbordante de Eleonor, la sonrisa de Florencia se hizo más amplia.

—Tienes muy buen gusto. Definitivamente, ese es el mejor.

—Pues obvio.

Eleonor levantó la barbilla con orgullo y le pidió a la empleada de la tienda que le empacara ambas prendas.

Cuando ya no dieron más de caminar, entraron a un local de bebidas para descansar.

Eleonor pidió un refrescante jugo dulce de mango y pomelo, mientras que Florencia optó por un café negro, fuerte y sin azúcar.

Eleonor frunció el ceño al ver el oscuro contenido de la taza de su amiga.

—¿No dijiste que te sentías mal? ¿Por qué vas a tomarte algo tan amargo?

—Lo amargo me ayuda a mantener la mente clara —respondió Florencia, removiendo el líquido con una cucharita sin probarlo.

Eleonor le dio unas suaves palmaditas en el brazo, a modo de apoyo.

Afuera, la tarde empezaba a oscurecerse, pero el atrio del centro comercial resplandecía con la luz artificial.

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