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Mi Marido Prestado romance Capítulo 780

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Cristhian asintió con la cabeza y luego preguntó.

—¿Qué te gustaría tomar?

—Un café estará bien —respondió Simona.

—Perfecto.

Él se levantó, abrió la puerta de su oficina y se dirigió a la secretaria que estaba en su módulo de trabajo a pocos pasos.

—Valeria, prepárale un café a Simona. Que sea bajo en azúcar, con un poco más de leche y que no esté demasiado caliente.

Valeria levantó la cabeza y lo miró con evidente asombro, pero enseguida desvió la mirada.

—Enseguida, señor Fonseca.

No era de extrañar que Valeria reaccionara así; la propia Simona también estaba algo desconcertada.

No se imaginaba que Cristhian conociera sus preferencias tan al detalle.

Sin embargo, prefirió no darle demasiada importancia al asunto.

—Tienes muy buena memoria.

—Hago lo que puedo.

Él esbozó una leve sonrisa.

—Simplemente es un detalle que se me quedó grabado.

Simona no respondió y bajó la vista para revisar nuevamente el contrato que acababan de firmar.

El silencio reinó en la oficina durante unos segundos.

Pronto, unos golpes en la puerta lo rompieron.

—Adelante.

La puerta se abrió y Valeria entró con la taza humeante en las manos.

Era una taza blanca corporativa del Grupo Montiel, y de ella emanaba un suave aroma a café.

Se acercó y la colocó delicadamente frente a Simona.

—Señorita Estrada, aquí tiene su café.

Valeria no se retiró de inmediato. Su mirada se quedó fija en el rostro de Simona.

—Gracias —dijo Simona, sosteniéndole la mirada.

La secretaria pareció volver a la realidad. Asintió de forma apresurada, dio media vuelta, salió de la oficina a paso rápido y cerró la puerta a sus espaldas.

Simona tomó un sorbo.

La temperatura era perfecta y la proporción de leche y azúcar era exactamente la que a ella le gustaba.

Dejó la taza sobre el escritorio y miró a Cristhian, lanzando una pregunta de la nada.

—Tu secretaria, ¿es nueva por aquí?

Su primer impulso fue rechazar la llamada, pero al ver el nombre en la pantalla, dudó un instante.

Simona lo notó y se puso de pie.

—Atiende tranquilo. Yo ya me retiro.

Cristhian asintió.

—Que tengas un buen viaje.

Solo después de verla cruzar la puerta, presionó el botón para contestar.

Al pasar frente al módulo de Valeria, Simona notó por el rabillo del ojo que la mujer estaba con la vista clavada en el monitor, aparentemente muy concentrada en su trabajo.

Sin embargo, su cuerpo delataba un ligero temblor.

Simona la ignoró por completo. Pasó de largo junto a Amanda y se dirigieron directamente a los ascensores.

El ascensor se detuvo en un par de pisos, dejando entrar a otros empleados que conversaban en voz baja.

Al llegar a la planta baja, las puertas se abrieron y Simona fue la primera en salir.

Apenas había dado unos pasos cuando una silueta apareció de la nada y le cortó el paso.

—¿Tú eres Simona Estrada?

Era una voz aguda, cargada de un tono caprichoso, y su mirada revelaba un escrutinio y una hostilidad que no intentaba disimular en lo absoluto.

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